3.28.2006

LOS PALESTINOS Y LA HIPOCRESÍA INTERNACIONAL

Si la hipocresía constituyera un delito, los más grandes líderes mundiales estarían sin duda prisioneros. Y los líderes de Israel estarían condenados a cadena perpetua. Hoy son las elecciones en Israel y todos los candidatos se han mostrado inflexibles ante el nuevo escenario creado por las elecciones palestinas, pero será, sin duda, con ese escenario, con el que tendrán que lidiar, si es que quieren, verdaderamente, lograr una paz justa y duradera para la región.
Luego del triunfo de Hammas en las elecciones legislativas palestinas, triunfo que los mismos israelíes pavimentaron con sus sistemáticas y flagrantes violaciones a los derechos humanos palestinos y el biocot permanente a los acuerdos suscritos entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina, se han negado a dialogar con el nuevo gobierno con el pretexto de que éste no reconoce el derecho de Israel a existir y es un gobierno compuesto por terroristas.
Independiente de la posición de cada cual frente a Hammas, a su amplio y democrático tirunfo en las elecciones palestinas de Enero y a la justa lucha de liberación nacional que hoy encabeza, parece que los líderes de Israel se han olvidado que los palestinos han tenido que lidiar durante mas de 50 años con gobiernos israelíes conformados íntegramente por terroristas, que jamás han reconocido el derecho a existir del pueblo palestino y que han desarrollado una política de exterminio físico y político del pueblo palestino, matando indiscriminadamente a civiles inocentes, violando sus derechos más fundamenales, confiscando sus tierras y edificaciones, asesinando a sus líderes y convirtiendo a los palestinos en extranjeros en su propia tierra mientras convertían en ciudadanos de plenos derechos a miles de ciudadanos de todos los países del mundo cuya única característica común era la fe judía. Basta con recordar a Golda Meir, a Menachen Beguin, a Ariel Sharon, a Ehud barak y a tantos otros que califican para el libro de los terroristas más grandes de la historia de la humanidad sin hacer ningun esfuerzo.
Hoy llaman al legislativo palestino a reconocer a israel y a implementar la Hoja de Ruta que ellos mismos sepultaron, luego de que asesinaran política y físicamente a Arafat, su único socio en el proceso de paz. Hoy llaman a Hamas a abandonar el terrorismo mientras continuan con su política de asesinatos selectivos, con las masacres de civiles inocentes, con la construcción del muro del apharteid y con la ampliación de algunos asentamientos.
El ingreso a la cárcel de jericó y el secuestro de los líderes palestinos del FPLP por parte de las fuerzas de Israel, demuestran las verdaderas intenciones de israel y EEUU y sus ansias de empujar al pueblo palestino a una guerra civil y a la desesperación.
Como si fuera poco, han anunciado que se aprestan a definir unilateralmente las fronteras de Israel abarcando más del 20% de los territorios ocupados que, en total, representan no más de 20% de los territorios de la Palestina Histórica.
Mientas tanto, la comunidad internacional se prepara para convertirse en caja de resonancia de la posición israelí, cortando la ayuda al gobierno palestino para intentar ahogarlo mediante el sufrimiento de su pueblo, como una forma de castigar el hecho de que la democracia, la misma democracia que ellos mismos dicen promover, arrojara resultados distintos a los que ellos esperaban.
Paralelamente EEUU prepara el ambiente internacional para atacar a Iran acusándolo, sin pruebas por supuesto, de los peores delitos contra la humanidad, llegando incluso a designarlo como el Banco Central del terrorismo internacional. Una vez más tenemos al ladrón, detrás del juez.
Esa misma comunidad que valida mediante su silencio y su actitud la ocupación de Irak; esa misma comunidad que legitimó el golpe de estado en Haiti; esa misma comunidad que no dijo nada mientras morían miles de musulmanes en los balcanes; esa misma comunidad que hoy amenaza a Iran con la guerra para que no produzca armas atómicas, pero que no está dispuesta a destruir las propias; todo en nombre de la libertad y la democracia, no es capaz de exigirle a Israel que renuncie a sus armas de destrucción masiva; tampoco es capaz de exigirle a Israel que cumpla las resoluciones de la ONU que hace más de 40 años exigen el retiro incondicional de los territorios ocupados y mucho menos está dispuesta, como en otras ocasiones, a imponer sanciones económicas y bloqueos aéreos en respuesta a las sistemáticas y constantes violaciones a los derechos humanos que Israel comete a diario.
En este escenario resulta absolutamente improbable que pueda alcanzarse una paz justa y duradera en la región, sobretodo si destacamos que lo que es bueno y aceptable para EEUU e Israel no resulta aceptable para los palestinos. Así las cosas, mientras sean los gobiernos de Israel y EEUU los que definan unilateralmente quiénes son terroristas, quiénes democratas y quiénes socios confiables para la paz, no existirá ninguna posibilidad de avanzar en el logro de unapaz justa y duradera en la región.
Muy por el contrario, si existe un real interés en avanzar hacia la paz, todos deberán hacer los esfuerzos necesarios para dialogar con los actores que cada pueblo escoja libremente para representar sus intereses y deberán dejar de lado la historia de muchos de ellos y estar dispuestos a escribir una nueva etapa en las realciones entre ambos pueblos.
Esta nueva etapa solo podrá escribirse en una hoja en blanco, dejando a los dioses y sus promesas de lado, sin preguntas ni recriminaciones, con un diálogo entre iguales basado en un solo hecho indesmentible, el futuro en común al cual ambos pueblos están condenados.

LAS CONCESIONES DEL MOP Y EL MODELO DE CIUDAD NEOLIBERAL.

Nuevamente han vuelto los tacos a nuestra querida metrópoli y el sueño de dejar en el olvido las congestiones vehiculares a las "horas punta", gracias a las magníficas obras de infraestructura urbana realizadas bajo el gobierno de Lagos, se han esfumado como tantas otras promesas de los gobiernos de la concertación.

Hoy lo que se discute, sin embargo, es si las concesionarias tienen o no, el derecho a recurrir a la vieja ley de la oferta y la demanda, incluida en el diseño del negocio ex profeso como mecanismo de ajuste, para restablecer el precio de equilibrio entre el bien ofertado (que no funciona ni funcionará a ningún precio) y el bien demandado.[1]

Se busca subir la tarifa en las “horas punta” para desincentivar el uso de la pista por parte de esa pujante clase media que sueña con vivir como el 5% más rico de la población de nuestro país. Ese 5% para el que, en realidad, fue hecha la Costanera Norte y las otras autopistas urbanas.

Resulta increíble, en todo caso, que se sigan discutiendo los problemas de nuestro país de manera tan simplona y sobreideologizada, pues se discute el valor, que a la luz de los antecedentes que se manejan es legal[2] y por todos los actores involucrados en el negocio, conocido, y no el modelo de desarrollo urbano y de ciudad que la ideología neoliberal, que extiende el control del mercado a todos los ámbitos de la vida cotidiana, promueve.

Hoy lo que hay que asumir, de una vez por todas, es que esa ciudad ideal, dejada a la mano invisible del mejor administrador de los recursos, que es el mercado, no funciona y que el mercado es incapaz de entregar a los ciudadanos una calidad de vida como la que promete mediante la mentira del crecimiento infinito y la autorregulación.

El problema de nuestras ciudades no son los tacos ni la congestión vehicular. El problema de nuestras ciudades son los viajes provocados por una ciudad mal planificada o mejor dicho, sin planificación.

El problema es que el estado se ha replegado una vez más para dejar al mercado operar en una ciudad que ha crecido gracias a la especulación y los increíbles negocios de los agente inmobiliarios, sin racionalidad, sin un plan, solo en virtud de la libertad de los agentes económicos.

Gracias a dicha libertad, esta ciudad ha devenido en dicotómica. La pobreza y la riqueza existen sin conocerse. El ocio y la superexplotación conviven sin saber que el otro existe. El hambre y el derroche habitan la misma ciudad pero ninguno sabe del otro, más que por la televisión y las noticias. En nuestra ciudad, mientras unos discuten su calidad de vida en términos de minutos más o menos de demora en llegar de la casa al trabajo y viceversa, otros se levantan a las 5:30 AM hrs para atravesar la ciudad en búsqueda de satisfacer algunas de sus necesidades o las de los suyos.

Las encuestas origen-destino vienen demostrando hace años que más del 60% de los viajes que se realizan en el día, los motiva la búsqueda de trabajo y estudio. Si a ellos sumamos la búsqueda de otros servicios como salud y comercio, hoy concentrado en grandes centros comerciales capaces de atraer hacia si a personas de todas partes de la metrópoli, llegaremos a más del 80% de los mismos.

Esto implica que si gastáramos solo una parte de los recursos que se gastan en asegurar a algunos privados, nacionales o extranjeros, estos estupendos negocios que son las autopistas, en dotar a la periferia de nuestras ciudades de buenos colegios, buenos hospitales o consultorios; si planificáramos zonas de industrias inofensivas más integradas con la trama urbana, a la vez que barrios más heterogéneos en donde convivieran los que trabajan con los que dan trabajo; si gastáramos solo una mínima parte de esos recursos en pagar terrenos más centrales y mejor ubicados para las viviendas de interés social no generariamos una ciudad tan extendida y seguramente los viajes disminuirían sensiblemente y no necesitaríamos continuar destruyendo nuestra ciudad y nuestro patrimonio para construir grandes autopistas que inevitablemente volverán a congestionarse y a colapsar en las horas punta, mientras el resto del día permanecer casi vacías.[3]

Claro está que para eso debiéramos estar dispuestos a dar una discusión menos sobreideologizada, en donde se ponga al centro de la discusión, la calidad de vida de la ciudadanía y no las utilidades de los consorcios y las grandes empresas.

Para ello alguien debiera declarar oficialmente el fracaso del mercado en numerosas ámbitos, entre ellas la del desarrollo urbano, en donde se ha revelado como incapaz de asignar de manera adecuada los recursos y ha generado males casi imposibles de solucionar.

Finalmente para ellos debiéramos dotar al estado de un instrumental metodológico y técnico para intervenir el territorio en búsqueda de mejorar la calidad de vida de nuestras ciudades, con ejercicios de planificación con participación ciudadana temprana y vinculante de quienes habitan la ciudad, con políticas de viviendas social inclusivas e integradoras, que no busquen el record mundial de las soluciones habitacionales más baratas y que atiendan la cantidad de viviendas necesarias, sin dejar de lado la calidad de la vivienda que, en definitiva, es el lugar en torno al cual gira la vida y no solo una cantidad de metros cuadrados con techo para albergar los huesos de quienes no tienen un lugar donde pasar la noche.

Es imprescindible entender que una casa, por buena que sea, que esté mal ubicada en la trama urbana y que genera viajes cada vez más largos y costosos para quienes las habitan, no es una buena vivienda y genera un desarrollo urbano imposible de sostener sin destruir la calidad de vida de los habitantes y el ya precario equilibrio con el medio ambiente.
[1] El bien ofertado y el demandado, en este caso, es una carretera sin congestión para un tránsito fluido a velocidades promedio de 70 Km/hr.
[2] Esto gracias al concurso serio y responsable de nuestros parlamentarios que ahora pretenden aparecer defendiendo a la clase media de las leyes que ellos mismos generaron.
[3] Esto es la ineficiencia de la eficiencia: Se invierten millones en infraestructura que se ocupa cuatro horas al día a una frecuencia que la hace rentable mientras para infraestructura para la cual existe mayor demanda y con mayor continuidad como escuelas, hospitales, plazas y universidades, no hay dinero.

3.22.2006

EL DERECHO A VIVIR, EL DERECHO A MORIR.

Se nace y se comienza a morir. El camino a la muerte es distinto para todos ya que la duración y calidad del mismo depende, en gran medida, de la calidad de vida que se tenga durante este andar, muchas veces feliz y muchas veces ingrato.
Está comprobado que las enfermedades en general, además de sus causas, genéticas, sanitarias o medioambientales, tienen una explicación psicológica que pueden incidir de manera significativa en su aparición, desarrollo y desenlace.
Así las cosas, el desamor, el stres, la falta de trabajo, el hambre, la angustia del no comprender determinados fenómenos que influyen en la vida propia, como el desempleo permanente o la violencia intrafamiliar; el no poder brindarle a los seres queridos que dependen de uno, un buen pasar o un pasar digno como les gusta decir a muchos; el hecho de no encontrar un lugar en esta sociedad competitiva y chaquetera que convierte a los seres humanos en meros recursos desechables; la falta de un sistema de salud y de protección social puede, sin duda, determinar o al menos viabilizar la aparición de enfermedades, y una vez realizadas, pueden empeorarlas hasta causar la misma muerte.
Hoy por hoy, mi país discute el derecho a nacer y el derecho a morir de todos y todas, pero nadie discute el derecho a tener una buena vida para no morir antes de tiempo.
Nadie discute el derecho a poder realizarse mediante el estudio, la recreación y la convivencia. Nadie discute ni defiende hoy en día el derecho a tener un trabajo que te permita satisfacer tus necesidades y reproducir tu existencia y la de tus seres queridos. Nadie aspira, hoy en día, a establecer el derecho a una buena vivienda o el derecho a un buen sistema de salud. Tampoco el derecho a un buen sistema de protección para la vejez.
Con la más grande de las sonrisas y con una pasión que a veces confunde, algunos plantean su apego irrestricto al derecho a la vida como principio básico y se niegan por eso a legislar frente a casos como el del aborto terapeuico o al de la eutanasia, pero la realidad de quienes sufren dichas situaciones no importa.
La calidad de vida, las ganas de vivir o de morir son un dato menor y poco relevante. Defienden la libertad de los actores económicos pero no reconocen el derecho libre y voluntario de querer terminar con una existencia ingrata y para la cual no se tiene, en estricto rigor, ningun apoyo de esta socidad que pretende "mantenerte con vida".
Llama la atención, sin embargo, que los mismos que dan esta batalla, no están por tener un estado de bienestar social que asegure que tu derecho a la vida, este acompañado de una calidad de vida correspondiente a un "derecho sagrado".
Para ellos, vivir sufriendo una enfermedad incurable que provoca dolor y que, en un país como el nuestro, te obliga a endeudarte a ti y a tu familia por varias generaciones a veces, no es un problema.
Para ellos, nacer en la más inhumana pobreza y no tener la posibilidad material de estudiar, de tener una vivienda digna, el derecho de poder disfrutar a tus padres y a una familia "bien constituida" porque ambos trabajan 12 horas diarias de lunes a domingo, para recibir un sueldo que apenas alanza para sostener la vida, no es un problema.
No es un problema porque el "derecho a la vida" es superior a todos estos temas secundarios. No es un problema porque ese es un tema de oportunidades, de oferta y demanda, no de derechos.
Llama la atención que, a veces, para los mismo que defienden ese derecho sagrado, resulte perfectamente válido matar a los que piensan distinto o bombardear pueblos enteros para asegurar la provisión de petróleo a un
precio accesible, para sus mercados.
Pero permitir a un paciente terminal y que no posee recursos para pagar un costoso tratamiento, que ponga fin de manera libre y voluntaria a su propia vida, eso si sería atentar contra la vida. Detener un posible embarazo no deseado con una pastilla del día después, eso si es un atentado a la vida, pero la dicotomía entre pobreza y riqueza, entre la escasez y el derroche, entre el hambre y la abundancia, entre la salud y la enfermedad, entre el ocio y la superexplotación, son solo circunstancias de un modelo y de una cosmovisión que solamente asegura "el derecho sagrado a la vida".
La verdad es que uno de los males más grandes de este capitalismo salvaje es la hipocresía. La verdad es que lo más patético de nuestra "clase política" es su doble discurso y lo más triste, desde mi humilde punto de vista, es que a las más amplias mayorías esto no les moleste y sigan insistiendo en que las cosas son como son y no van a cambiar.
Yo defiendo el derecho a morir, tanto como defiendo el derecho a vivir. Creo en la libertad del ser humano cuando decide sobre su propia existencia y detesto la libertad de quienes tienen el poder de decidir sobre la vida de miles y miles de personas inocentes que han sido aniquilados en nombre de dios y de la propiedad privada.
Aspiro a construir una sociedad que defienda la vida, y que se preocupe de ella todos los días de la vida, y no solo cuando está por terminar, como una forma burda e hipócrita de salvar las conciencias de quienes no hacen nada por ella durante toda su existencia.