3.18.2007

HERNAN LARRAIN, LA HIPOCRESÍA Y LA DESFACHATEZ A TODA PRUEBA.

Si la hipocresía y el cara de palismo fuera tiña, Hernán Larraín estaría completamente tiñoso y en la UDI la mayoría se estarían quedando pelados.

Todos podemos entender que en su afán de tratar de construir una posibilidad de llegar a ser gobierno y tratando de llevar al extremo la función fiscalizadora de una posición alentada por los casos de corrupción y por los errores evidentes del gobierno, la UDI esté presta a atacar todo, a descalificar a todos y a tratar de generar el ambiente propicio para que la gente se convenza de la necesidad de lo que ellos llaman la alternancia en el poder.


Pero de ahí a que el presidente de la UDI salga plantando en los medios de comunicación[1] que “los gobiernos de la concertación son incapaces de hacer transformaciones radicales y profundas para cambiar la calidad de vida de los ciudadanos, ya que cuando lo hacen, en lugar de mejorarla, la empeoran” eso ya parece un mal chiste, además de una cara de rajura sin parangón en la política nacional. Eso es tan absurdo como escuchar al cura Hazbun hablando de dios y del derecho a la vida, o a Bush hablando de la defensa de los valores democráticos.

Palabras como estas dan la sensación de que la UDI, socia fundacional y accionista mayoritaria del modelo neoliberal que implantó y dejó amarrado la dictadura, tuviera alguna intención de plantear cambios radicales y profundos para un modelo para el cual todas sus respuestas son siempre más de los mismo y para los mismos.

Aun recuerdo una oportunidad en que me tocó enfrentar una discusión en el programa “El Termómetro” con el Sr. Larraín. Ante nuestro evidente y esperable desencuentro acerca de la posibilidad de buscar una solución a la mediterraneidad boliviana mediante el intercambio de franjas de territorio equivalentes y derechos de agua asociados, me planteó su argumento más contundente: “Daniel, en la vida hay cosas sobre las cuales no se puede discutir” mientras a continuación me acusaba de la típica, según él, intolerancia comunista.

Escuchar hablar a Larraín de cambios radicales y profundos, cuando ni siquiera está abierto a discutir de algunas cosas que para él son consubstanciales a su ideología, llega a dar asco. Si no hay que ser analista político para darse cuenta que en los 16 años de gobiernos de la concertación se han mantenido inalterados todos los pilares fundamentales de “la Obra” de la dictadura con la que ellos gobernaron.

Incluso ellos se jactan, de vez en cuando, de eso como uno de los logros fundamentales de la manutención del antidemocrático sistema binominal, la estabilidad institucional que impide los cambios que desea la mayoría en virtud del evidente poder de veto que la ley electoral le ofrece a la minoría.

De qué cambios profundos nos puede hablar la derecha, si cada vez que se les pide explicitar cuales serían los cambios que ellos harían solo hablan de profundizar el modelo. Hace poco, el mismo Larraín salió planteando que la solución a todos los problemas que ha generado el mercado, era precisamente más mercado.

Y que quede claro que comparto absolutamente la sentencia de Larraín acerca de los gobiernos de la concertación y de su incapacidad histórica, a estas alturas, para llevar a cabo los cambios radicales y profundos que se requieren en nuestro país para mejorar la calidad de vida de las personas, sin embargo uno de los cambios más radicales que efectivamente Chile necesita, y que no solo depende de la voluntad política de los gobiernos de la concertación, es terminar con la hipocresía y con los discursos electoralistas que plantean que todo cambie para que todo siga igual.

Sin duda que el cambio más radical que Chile necesita es terminar con los valores que caracterizan a la clase política sostenedora del modelo y es la sobre importancia que le dan a la política comunicacional que enseña que más importante que lo que se hace es como se comunica y que hay que saber decir lo que la gente quiere escuchar en el momento preciso para ganar votos, no importa lo que estemos dispuestos a hacer una vez que lo hayamos conseguido.

Creo sinceramente que Chile necesita con urgencia un cambio radical. Creo sinceramente que Chile requiere con urgencia darle la espalda a este modelo que se nos ha planteado como todopoderoso y eterno que ha sido implementado por la dictadura y administrado eficientemente por la Concertación por casi más de 30 años ya, pero tengo claro que ni la Concertación ni la derecha tienen la voluntad ni la capacidad y mucho menos la convicción ideológica y el proyecto país que puede representar los cambios que nuestro país y la ciudadanía requieren.

Lamentablemente, solo falta que nuestro pueblo se atreva nuevamente a soñar y se convenza que puede ser nuevamente protagonista principal de los cambios que deben venir porque mientras no lo asuma, mientras no se decida a salir a la calle y a presionar a estos políticos oportunistas con sus discursos supuestamente radicales, los cambios, lisa y llanamente no llegarán.
[1] Entrevista en La Nación, Viernes 9 de Marzo de 2007.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola somos una ONG, felicitaciones, muy buena tu página, si tuvieses la oportunidad pasa por nuestro fotolog:
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bueno sin nada más que decir y esperando tu visita nos despedimos
atte. Barbudos.

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