3.28.2008

UNA BUENA NOTICIA...

Estimados Amigos, Compañeros y Hermanos:

Tengo el agrado de invitarlos a seguir reflexionando acreca del mund que nos toca vivir en mi nueva página que espero sea una aporte para construir el mundo que, desde la izquierda, queremos formar.

En este nuevo espacio podrán seguirleyendo y y discutiendo mis artículos. Podrán además escuchar mis programas de Radio Nuevo Mundo y ver algunos de los debates en que participé en el Termometro. Y si no puedes leer o te encuentras demasiado ocupado para hacerlo,.. te invito a escuchar los artículos gracias a los avances tecnológicos y a la ayuda y compromiso siempre presente de mi compañero resma, a quien agradezco, el salto adelante que me ha obligado a dar.

Seguimos en contacto.

www.danieljadue.cl


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3.18.2008

LOS DESAFÍOS DE LA IZQUIERDA CHILENA


Una buena noticia ha sorprendido esta semana a todos quienes nos consideramos de izquierda y estamos comprometidos con trabajar por la unidad de la misma para ser una alternativa real al sistema político y económico vigente en nuestro país.

Luego de tres años de casi nula comunicación y de campañas mutuas de desprestigio y acusaciones de traición entre direcciones políticas y militantes de base entre las que eran fuerzas principales de la izquierda, nos hemos enterado, por los medios de comunicación, de nuevas conversaciones entre el Partido Comunista, el Partido Humanistas y la Izquierda Cristiana para relanzar el pacto que tan buenos dividendos diera en las elecciones de concejales y alcaldes del año 2004 y en las legislativas del año 2005.

Atrás comienzan a quedar esos días en que pensar distinto, dentro del pacto, era penado con el estigma de traidor o de vendido. Atrás quedan esos días en que unos y otros se sentían dueños de la decisión política del pacto y trataban, por todos los medios disponibles, de imponer a los otros su visión de la realidad y su camino. Atrás queda aquel tiempo en que, en vez de aprovechar nuestras legítimas diferencias para ampliar nuestra base de sustentación y constituirnos en fiel reflejo de la sociedad que decimos querer construir, optamos por intentar eliminarlas al punto de aniquilar políticamente a quienes pensaran distinto.
Afortunadamente la dinámica de la realidad política impone decisiones que la falta de madurez política hace imposible.


Ante la necesidad de enfrentar, de nuevo de manera unitaria, los desafíos electorales que se avecinan, los líderes de los partidos han decidido dejar en el pasado sus diferencias tácticas para una vez más centrarse en la estrategia de consolidación de todo y de cualquier avance que como izquierda podamos lograr, para hacer saltar los candados de la exclusión y evitar así la profundización del modelo que otro gobierno de la Concertación o uno nuevo de la Derecha, mediante la aun vigente política de los acuerdos y de los consensos, han ofrecido y seguirán ofreciendo a nuestro pueblo como única solución a los problemas que, incluso en años de vacas gordas, continúan aquejando a las grandes mayorías de chilenos.

Lamentablemente no todo podrá quedar en el pasado. Nada borrara el tiempo perdido, las confianzas destruidas, las amistades empeñadas y la pérdida de credibilidad e inserción en la base social.

Nada podrá borrar el vacío que tres años de inmovilidad sustancia de la izquierda como unidad, ha dejado la torpeza de nuestras decisiones en caliente, a pesar de haber tenido años en donde la concertación y la derecha no pedieron oportunidad de equivocarse y de regalarnos oportunidades valiosas para acometer contra su modelo y avanzar como un todo en la construcción de la tan necesaria alternativa de izquierda.

Lamentablemente, las decisiones que hoy estamos, una vez más, obligados a tomar para no desaparecer de la escena política, no aseguran que las actitudes que nos llevaron a cometer los errores mencionados desaparezcan.

Nada nos asegura, por ejemplo, que algunos militantes no quieran seguir operando, a pesar de las declaraciones y de las orientaciones de nuestros líderes y dirigentes, como dueños de las estructuras partidarias, jugando a excluir y a restar a quienes piensan distinto, por temor a la gente y por temor a que sumar les signifique perder esas minúsculas cuotas de poder social que a la vista de muchos mediocres son siempre más importantes que los objetivos políticos del periodo.

Nada nos asegura que los candidatos a estas nuevas elecciones, serán los mejores ni los más capacitados para desarrollar las tareas para los que serán electos y que dejaremos de pensar las elecciones solo como un instrumento más para multiplicar nuestras pequeñas cuotas de poder olvidándonos de que son un forma de lucha para ampliar nuestra inserción y la credibilidad en nuestra capacidad de gobierno y de gestión.

Nada nos asegura que los candidatos, por ejemplo, serán escogidos de manera participativa, democrática y en base a un análisis objetivo y serio, en donde el mérito y las competencias sean fundamentales para tomar las decisiones que nos lleven, sin duda a ampliar las esferas de influencia de nuestro conglomerado.

Nada nos asegura que nuevamente alguien no trate de bajar a quienes comienzan a brillar en una izquierda en donde es más fácil ser opaco, porque a quienes brillan, es mejor hacerlos desaparecer en las fauces insaciables de los aparatos, que todo quieren controlarlo, para que no vayan a ser alteradas las cuotas de poder previamente establecidas y que son las verdaderamente revolucionarias o humanistas, según ellos.

Y lo peor de todo, es que nadie pagará el costo de los errores cometidos. Nadie asumirá la responsabilidad política de todo el tiempo perdido y de todos los cuadros y compañeros sacrificados en nombre de la revolución y el purismo ideológico.

Nadie asumirá, con una valiente renuncia o por lo menos con una sincera autocrítica, el error de las malas decisiones tomadas sin la participación de todos los involucrados, que nos trajeron de vuelta a este momento en que debemos partir de cero como si estuviéramos recién llegando a la convicción de que solamente unidos podremos obtener dividendos que sean de verdad favorables a nuestro pueblo.

Nadie dirá, si me equivoqué o nos equivocamos y saldremos de nuevo a tratar de convencer a muchos y muchas, que la izquierda es una alternativa real y necesaria, que somos distintos de verdad, que somos lo que el país necesita para ar el salto cualitativo hacia un proyecto nacional de desarrollo cuyo norte sea Chile y su pueblo. Y seguramente la gente, nuestro pueblo, la ciudadanía o como quieran llamarle, volverá a no creernos del todo.

Volverá a escuchar con simpatías nuestros discursos y nuestras propuestas pero no olvidarán que en los momentos en que debiéramos ser claramente distintos, nos comportamos iguales que aquellos a quienes tanto criticamos y somos iguales que aquellos a quienes decimos querer reemplazar para emancipar a nuestro pueblo y para trabajar por el mejoramiento de su calidad de vida, de sus expectativas y del cumplimiento de sus sueños.

Volverán a encontrarnos toda la razón pero no sentirán la confianza necesaria como para delegar en nuestros cuadros el futuro de sus hijos y el de sus propios sueños porque no pareceremos capacitados para gobernar mejor que los otros y sin el temor que las formas conservadoras de entender el gobierno le tienen a las bases y a la gente común y corriente y por lo mismo, tampoco nos sentirán capacitados para dirigir los destinos de la patria.

Lamentablemente, y he aquí nuestro mayor desafío, mientras la izquierda como un todo y los partidos que la componen, también por separado, no se constituyan en fiel reflejo, en su vida interna y en su relación con el resto, de aquella sociedad que decimos queremos construir: libre, democrática, tolerante, participativa, justa y en donde nadie sobre; seguirá la gente, nuestro pueblo, la ciudadanía o como quieran llamarle, optando por el mal menor, sin atreverse a soñar ni a girar decididamente a la izquierda; y la culpa… la culpa se la seguiremos echando a los factores externos, a los enemigos, a los partidarios del imperio, sin mirarnos, sin escrutarnos y felicitándonos como siempre de nuestras pobres victorias, de nuestros tímidos avances, que solo son un triunfo moral para los que se creen dueños de nuestro futuro.


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2.29.2008

REFUGIADOS PALESTINOS EN CHILE.

En una carta publicada en el diario La Tercera, el día jueves 28 de febrero, dos señoras de apellidos Novoa e Ibarra, respectivamente, se manifestaban en contra de que Chile, en coordinación con la ACNUR y con algunos alcaldes de nuestro país, de refugio a los palestinos que están por llegar a Chile, con el argumento de que los dineros a invertir en ellos pudieran ser gastados en solucionar problemas pendientes hace años, de chilenos carenciados, llamando a hacer realidad aquel refrán que dice que la caridad debe empezar por casa.

Afortunadamente, me asiste la certeza, que el pensamiento de aquellas señoras no representa a la mayoría de los chilenos que estamos conscientes de varias cosas que me gustaría puntualizar:

1. Los chilenos hemos recibido la solidaridad de numerosos pueblos que, cuando conciudadanos nuestros han tenido que sufrir el exilio forzoso, no han escatimado esfuerzos por acogerlos y ofrecerles una vida digna, haciendo uso de principios tan universales como la fraternidad, la solidaridad y el humanismo. Es lamentable que estos valores aun no se hayan convertido en mínimo común denominador del pensamiento en nuestra patria.


2. En nuestro país, el aporte que los inmigrantes palestinos y sus descendientes han hecho, durante el último siglo, en todas las esferas de la vida cotidiana ha sido notable, lo que hace pensar que más que una carga para nuestra sociedad, la llegada de estos inmigrantes y el ofrecerles un espacio privilegiado en donde esperar que se haga efectivo su derecho al retorno a Palestina, lejos de constituir una carga debe ser tomado como una verdadera oportunidad de aprendizaje para nuestra sociedad, de desarrollo de la conciencia nacional en torno a estos valores y de practica de los mismos.

3. Por último, no hay que ser demasiado erudito en temas políticos y económicos para darse cuenta de que si en nuestro país existen aun temas de justicia social por resolver, es precisamente por el modelo de desarrollo al que Chile ha adscrito, que precisamente carece de estos valores esenciales y no genera ni justicia ni igualdad para todos y todas, por lo que ahorrarse los dineros que se utilizaran en este caso, y que según explica el mismo alcalde, no son significativos, no redundará en ningún cambio significativo en la realidad nacional de los que menos tienen.

Por todo lo anterior es destacable la actitud asumida por todos quienes se han involucrado en esta acogida[1] que esperamos no se prolongue más que el tiempo imprescindible para hacer realidad el derecho que a todos los palestinos del mundo asiste de retornar a Palestina, su tierra, y construir en ella un Estado independiente soberano, laico y democrático en el cual las imágenes cotidianas de la nefasta e ilegal ocupación militar israelí sobre la tierra de los palestinos, que lleva ya 60 años y que nada tiene que envidiar a lo que los nazis hicieron con los judíos en la Segunda Guerra Mundial, no sea más que un triste y lejano recuerdo.


[1] Más Información en www.rfg2.cl


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2.21.2008

CHILE 1970 – 1999: TRANSFORMACIÓN PRODUCTIVA Y CONSECUENCIAS URBANAS.

1. Resumen.

El presenta trabajo tiene carácter de investigación exploratoria y documental y su objeto de estudio es la relación existente entre la transformación productiva vivida en Chile en las últimas tres décadas, Las Políticas de desarrollo Urbano que de ellas han emanado, los instrumentos legales que las han hecho posibles y el territorio.

No pretende alcanzar rigurosidad científica ni metodológica. Más bien pretende ser la base para posteriores estudios que, con mayores detalles, logre describir y explicar como las transformaciones productivas se materializan en políticas de desarrollo urbano nacional y en leyes que son la expresión formal de las mismas y avanzar sobre los cambios necesarios de ejecutar en estos ámbitos para construir "la ciudad que queremos".

Para esto, se realizará un esfuerzo para situar al País en el contexto histórico y político de la época que marca el inicio de nuestro análisis, para luego centrarse en un estudio de cómo la transformación productiva impuesta se materializó en las políticas de desarrollo urbano de 1979 expresada en las modificaciones a la Ley General de 1976, en D.L Nº 3516 Sobre División de Predios Rústicos y cómo la PNDU de 1985 que pretendía revertir a su predecesora, no logra materializarse en un cambio al nivel de las Leyes que rigen el comportamiento de los actores públicos y privados en el territorio hasta el esfuerzo del PRMS de 1994 en donde se expresa en un instrumento de la ley todo el esfuerzo de síntesis de la discusión nacional que, desde el retorno a la democracia, se viene gestando.

En base a estos análisis pretenderemos sacar algunas conclusiones que nos permitan imaginar algunas modificaciones a la Política Nacional y a la ley, que pudieran ayudar a materializar la actual discusión de la política nacional de desarrollo urbano.


1. Introducción.

En las últimas décadas, el país ha sido testigo de una de las más profundas transformaciones de su estructura productiva, social, política y cultural. El neoliberalismo, sistema económico y cultural impuesto a la fuerza por la dictadura militar, terminó de destruir el modo de producción existente hasta mediados de la década del 70, desmantelando sin revertir, una serie de cambios estructurales producidos por el gobierno de la Unidad Popular, representados por el Estado de Bienestar Social, desarticulando y destruyendo el tejido social existente con el objetivo de desvincular la gestión económica del Estado de las presiones del sistema político y la sociedad civil no empresarial[1].

Así el Estado fue transformado y concebido sólo como un ente económico al servicio del capital nacional y extranjero y se abocó a cimentar un sistema lo más funcional posible a la reproducción de la riqueza y a la acumulación del capital.

Esto se logró a través de siete medidas que según Díaz, pueden considerar como la agenda básica del Neoliberalismo[2]:

a. La apertura externa unilateral;
b. Las privatizaciones extensivas de las empresas públicas;
c. El desmantelamiento de la regulación de mercados de bienes, servicios y del trabajo;
d. La liberalización del mercado de capitales, integrando a este el sistema de fondos de pensiones;
e. El ajuste fiscal basado en la reducción de los gastos públicos y la extensión de la base tributaria de impuestos indirectos;
f. El cambio en el carácter del gasto social el que pasó a ser focalizado y compensatorio y;
g. El desmantelamiento de la política industrial para concentrarse en la gestión macroeconómica (Díaz 1996).

El mercado fue entendido como el único capaz de regular las relaciones sociales (entendidas éstas, según Marx, como cualquier tipo de relación existente entre la especie humana y la de ella con las otros sectores de la naturaleza) y la sociedad chilena fue desplazada de su sitial de eje central de las preocupaciones gubernamentales y en su lugar se instaló la macroeconomía, para la cual la sociedad chilena se convirtió en un instrumento más de su objetivo único: el equilibrio macroeconómico, el crecimiento económico sostenido, el surgimiento de una nueva burguesía del tipo burocrático, la reproducción de la riqueza y la acumulación del capital.

En este contexto, la naturaleza y por ende la tierra y el suelo urbano, fueron considerados también como instrumento para el crecimiento económico y el mercado se declaró, como en todo, amo y señor del suelo, tanto urbano como rural. La tierra dejó de ser considerada como un bien escaso y como materia prima para la satisfacción de las necesidades, y se anularon las limitaciones de explotación que sobe ella existía[3] (PNDU 1979). La ciudad creció en diez años lo que no había crecido en cien y multiplicó por dos su extensión en poco más de una década.

El Estado disminuyó su grado de responsabilidad social traspasando a los privados la gestión de lo que antes se consideraban como derechos básicos, salud, educación, vivienda, previsión social, etc. Entre ellos la vivienda fue considerada como un bien.(Bravo y Martínez, 1993), a diferencia del gobierno de la unidad popular que la consideraba como un derecho; y desde ese momento debía adquirirse con el esfuerzo y el ahorro de la familia, reservando para el Estado solo la planificación, la gestión de las normas y la subsiedaridad para aquellos que no pudieran por sí solos, resolver el financiamiento de su propia vivienda. Por último se resguardaba también para el estado el control del proceso cuya producción caía bajo la responsabilidad exclusiva del sector privado que a partir de entonces podía lucrar indiscriminadamente con las necesidades más básicas de los chilenos y chilenas.

Se pretendía la formación de un mercado abierto del suelo urbano y de viviendas, tal como se hizo con el mercado del trabajo, y paulatinamente se iría completando el traspaso de responsabilidades al sector privado, entregándole primero la responsabilidad sobre los proyectos de arquitectura y urbanización, y posteriormente la elección de los terrenos para la ubicación de los conjuntos, sistema conocido como “llave en mano”.(Bravo y Martínez, 1993)

El mercado inmobiliario se apoderó de la ciudad y los habitantes de menores recursos fueron expulsados de los lugares en donde vivían y llevados a la periferia, sin considerar sus expectativas de vida, escondiendo la pobreza y cubriendo con un velo la segregación espacial y social que se iba gestando en este Chile moderno cuya política de desarrollo urbano aspiraba a la conformación de barrios homogéneos lo que inevitablemente llevaría a la construcción de una ciudad dicotómica en donde convivirían sin conocerse la riqueza y la pobreza, el derroche y la escasez, la salud y la enfermedad, la seguridad y la inseguridad; la protección y la vulnerabilidad (Jadue, 1996).

La especulación del suelo urbano terminó por arrasar con estupendos suelos agrícolas, con innumerables plazas de trabajo y con no menos comunidades rurales que fueron absorbidas por el siempre todopoderoso crecimiento económico, en virtud del cual, todo vale. El error fue reconocido más tarde[4] (PNDU 1985), pero el proceso se reveló ya como algo irreversible, ya que el estado nunca volvió, hasta el día de hoy, por lo menos, a tener capacidad para pensar por la sociedad en su conjunto, ubicándose siempre al servicio de los intereses privados que hicieron de la especulación el mejor de los negocios.

El término del régimen autoritario trajo consigo a gobiernos que con la promesa de una transición a la democracia y con la imposibilidad de profundizar los procesos de democratización y reconstrucción de la sociedad civil, se han dedicado sólo a administrar el modelo, intentando “humanizarlo”, pero sin lograr cambiar en nada lo sustancial del mismo, perpetuando un sistema antidemocrático, no participativo y excluyente que para nada ha logrado revertir el proceso antes mencionado. Los tímidos avances en materia de descentralización se han encontrado con una cultura organizacional que ha mantenido la vieja forma de hacer política en las nuevas estructuras.

Sin embargo, en la década de los 90, con el llamado retorno a la democracia, se intentó poner término oficialmente a la expansión ilimitada de la ciudad con el Plan Regulador Metropolitano de Santiago PRMS 1994), pero proyectos como el Plan Chacabuco y otros, avalados por el propio estado, siguen atentando contra los suelos fértiles cada vez más escasos de la región central, contra las fuentes de trabajo que de ellos emanan o podrían emanar y contra las comunidades que en ellos viven..

Así, el proceso de segregación espacial fue llevado a cabo, como muy bien lo expresara Mauricio Valenzuela, primero a través de la expulsión forzada bajo dictadura y segundo por la expulsión velada que significó la continuación de un modelo de subsidio habitacional que no ha cambiado los patrones de localización ni otorga posibilidad alguna de elección a los beneficiarios (Valenzuela, 1997). La riqueza se ha seguido acumulando, la pobreza se ha seguido extendiendo y la distribución del ingreso es cada día más desigual distanciando aún más las realidades que coexisten sin convivir, al interior de nuestra “comunidad urbana”.

En este contexto, estos últimos años han estado marcado por un aumento sustantivo en la conflictividad social producto de la excesiva y desigual división de los costos y los beneficios del equilibrio macroeconómico entre la población en tiempos de crisis. Ningún sector productivo ha estado ajeno a ello y sin duda los movimientos sociales de carácter reivindicativos fueron protagonistas inolvidables del año que esta terminando.

Sorpresivamente y por primera vez, luego de casi tres décadas, a las demandas más tradicionales como salud y educación se sumó la crisis del modelo de políticas habitacionales, la contaminación y la congestión, en suma, el deterioro progresivo de la calidad de vida de los habitantes de la gran ciudad metropolitana.

Los efectos de El Niño, en 1997, dejaron en triste evidencia la inoperancia histórica de las virtudes auto – optimizantes del mercado bajo condiciones de “laissez – faire” en el espacio urbano y en las soluciones habitacionales, lo que ha dejado entrever la necesidad imperiosa de intervención del estado en los temas de importancia social, por una parte, y la necesidad de resignificar la vivienda como concepto, por otra.

2. La PNUD De 1979 Y Sus Principales Instrumentos;
Las Modificaciones Al D. S. 458, MINVU De 1976 (D.O.13.04.76)
Y El D. L. Nº 3.516 (D.O 1.12.80).

La Política Nacional de Desarrollo Urbano de 1979 es la piedra angular del desarrollo teórico que, se pretendía por la necesidad urgente de realizar los cambios económicos antes descritos. En ella se plasman los principios fundamentales que guiaban los cambios y que se presentaban como completamente contrarios a todo aquello que existía como tradición del urbanismo contemporáneo en la forma de entender la ciudad. La mejor manera de entender su impacto es quizá un rápido recorrido por sus declaraciones y enunciados, desde donde puede desprenderse con facilidad las ideas que neoliberales que avalaban su dictación.

Al igual como se entendía en otras esferas de la vida cotidiana, las garantías que pretendía resguardar la política en cuestión (privacidad, luz, aire y seguridad), se otorgaban "sobre la base de asegurar el funcionamiento de un eficiente mercado de la tierra urbana; de una adecuada planificación de los recursos públicos destinados a equipamiento y e infraestructura; y el establecimiento de normas de urbanismo y construcción claras e iguales para todos los habitantes" (PNUD 1979, pag 3).

La primera declaración de principios de esta nueva política era entender el suelo urbano como un recurso no escaso. "Su aparente escasez es consecuencia de la falta de concordancia entre las normas técnicas y jurídica- por las cuales se rige el desarrollo urbano- y las condiciones de oferta y demanda del mercado inmobiliario"(PNUD 1979, pag 3).

En el punto 2 de las declaraciones iniciales se termina de delinear los criterios que rigen en el ordenamiento territorial cuando se afirma que el uso de suelo queda definido por su mayor rentabilidad. En el punto 3 se presenta las ventajas comparativas que emanan de la concentración espacial de la población, lo que permite economías de escala que abaratan costos y maximizan las utilidades. El punto 4, para terminar, define que el uso de suelo debe regirse por disposiciones flexibles, definidas por los requerimientos del mercado. A pesar de estas claras directrices, el estado se impone el deber de proteger el bien común, lo que a nuestro parecer constituye una simple declaración formal de buenas intenciones (PNUD 1979, pag 3).

En cuanto a los enunciados de la política la PNUD planteaba con respecto a la planificación urbana, que se pretendía aplicar un sistema de planificación flexible con el mínimo de intervención estatal. Respecto de la expansión de las ciudades, planteaba la necesidad de definir procedimientos y eliminar las restricciones de modo de permitir el crecimiento natural de las áreas urbanas, siguiendo las tendencias del mercado. Respecto de la renovación de las ciudades, buscaba legislar en beneficio de los proyectos que promovieran la renovación urbana de zonas deterioradas, especialmente en aquellas ubicadas en las cercanías de los centros principales de las ciudades. Respecto de la vivienda, promovía la conformación de un mercado abierto de viviendas dejando al sector privado la responsabilidad de su producción.
Así las cosas, en todo orden de cosas se reconocía al mercado como el principal indicador para determinar la cantidad de terreno que requerirá el desarrollo de las actividades urbanas y la dirección del crecimiento dominante. Para estos efectos se establecieron leyes que pudieran dar curso a la política en cuestión y se estructuró, incluso anticipadamente, una ley cuyas excepciones a la norma anulaban las leyes generales incapacitando al estado, en sus distintos niveles de acción, para enfrentar el apetito inmobiliario. El primer paso fue la sustancial modificación al Plan Intercomunal de Santiago que haciendo realidad todo lo dicho, se concretó en el D.S. 420 de 1979 que creo la denominada "Área de Expansión Urbana", derogando, al mismo tiempo, los capítulos dedicados a la localización de vivienda social y el equipamiento, haciendo desaparecer, además, las condiciones restrictivas al crecimiento en extensión que normaba la antigua "Área Suburbana".

La legislación que se proponía se basaba en exigencias mínimas a la hora de las aprobaciones de los instrumentos de planificación, que no consideraban ni materias medioambientales, ni los estudios de capacidad e impacto de la infraestructura necesaria para soportar el crecimiento en cuestión. Para demostrar esto, basta con observar la composición del Plan regulador Comunal según el D.S. Nº 458 MINVU de 1976, que en su artículo 42 exige solamente la memoria explicativa, el estudio de factibilidad de agua potable y alcantarillado, la ordenanza y los planos, sin asumir los cambios mundiales que en esta materiase estaban dando y que decían relación con el cuidado medioambiental (L.G.U.C., MINVU. Editorial Jurídica de Chile. 1977). Nada se dice de participación y mucho menos de definir zonas no aptas para ser habitadas ni nada por el estilo.

Otro elemento importante para entender la magnitud de la política en cuestión, son los artículos 79, 80, 81 y 82, que conforman el párrafo 3º referente al saneamiento de poblaciones[5], que pese a estar incorporados desde antes en la legislación, es en este período cuando cobran relevancia. En estos se planteaba que correspondía a las municipalidades desarrollar acciones necesarias para la rehabilitación y saneamiento de las poblaciones deterioradas o insalubres dentro de la comuna, en coordinación con los Planes de esta misma naturaleza y planes habitacionales del ministerio de vivienda y Urbanismo. Para esto se establecían atribuciones que incluso podían imponer por la fuerza la demolición de una propiedad que fuera catalogada en alguna de las categorías antes señaladas.

Este párrafo fue el que sirvió para desarrollar planes masivos de erradicaciones desde las comunas del centro hacia la periferia. Ante esta realidad los inversionistas se lanzaron sobre los suelos periféricos de la ciudad, sensiblemente más barato que el suelo central y desarrollaron sus proyectos habitacionales con el plus que le otorgaba el bajísimo valor de la tierra en proceso de incorporación al suelo netamente urbano, matando dos pájaros de un tiro: haciendo de la vivienda social un buen negocio y preparando bancos de terrenos en las comunas cuyos suelos liberados de "pobres" permitían negocios tremendamente rentables en terrenos muy bien ubicados. De hecho, los programas del MINVU de erradicación de campamentos dentro de la ciudad de Santiago, iniciados en 1979 y llevados a cabo hasta 1985, significaron el desplazamiento intercomunal de 28.703 familias (C.E.D. 1990). Las erradicaciones llevadas a cabo, provocaron un movimiento de entrada y salida de población entre comunas, lo que permitió establecer una clasificación comunal según fueran estas receptoras o dadoras de población. Fueron comunas "receptoras" netas las de Renca, La Granja, Quilicura, Pudahuel, Puente Alto y San Bernardo; mientras las dadoras netas fueron Santiago, Las Condes, La Reina, Conchalí y La Florida, entre otras.[6]

En cuanto las formas de intervenir en el mercado del suelo la legislación entrega sólo la posibilidad de las expropiaciones, consideradas en el artículo 84 del Capítulo VII, Párrafo 1º. Sin embargo, en su último inciso, obliga a los gobiernos locales a incorporar en el presupuesto del año venidero el valor total de las expropiaciones que la municipalidad determinase, impidiendo en la práctica, al no considerar otras alternativas, que estas se llevaran a cabo, debido a la escasez sistemática de recursos con que funcionaban los gobiernos locales, sobretodo los de la periferia, que con la mayor carga social y con los menores ingresos, veían reducidas al mínimo sus posibilidades de actuar en pro del mejoramiento del hábitat popular.

Paralelamente a las modificaciones que afectaban a la normativa urbanística, el MINVU modificaba el reglamento de Vivienda Económica del DFL N° 2 de 1959, liberalizando la norma hasta el punto en que dejaba entregada a la voluntad del proyectista la fijación de estándares y condiciones de ocupación de suelo, en loteos de cierta envergadura. Estas normas van aparejadas al establecimiento de normas mínimas para las viviendas declaradas básicas, las que permiten alcanzar densidades superiores a los 600 habitantes por hectárea en algunos conjuntos construidos en la periferia del Gran Santiago, durante la dictadura militar. Todo esto significó la construcción de un marco de acción propicio para desarrollar los negocios inmobiliarios, los que, además, tuvieron desde entonces, garantías tributarias.

Por último, el Decreto N° 3.516 del 19 de noviembre de 1980 viene a coronar los esfuerzos realizados en orden a convertir al mercado en el amo y señor del suelo y la tierra. En su artículo 1° se establecía que los predios rústicos, esto es, los inmuebles de aptitud agrícola, ganadera o forestal, ubicados fuera de los límites urbanos o fuera de los límites de los planes reguladores intercomunales de Santiago y Valparaíso y del Plan regulador metropolitano de Concepción, podrán ser divididos libremente por sus propietarios siempre que los lotes resultantes tengan una superficie no inferior a 0,5 hectáreas físicas. Esto significó la depredación de una cantidad importante de suelos agrícolas de excelente calidad que fueron incorporados informalmente a las zonas urbanas metropolitanas, en forma de jardines privados de parcelas de agrado.

3. La Política Nacional De Desarrollo Urbano De 1985.

Como resultado de las consecuencias urbanas y de los problemas ambientales y de salud emanados de estas, la política del 79 fue blanco de duras criticas de la comunidad académica, política y social, lo que se vio fuertemente agravado por la crisis que sepultó los resultados de la actividad inmobiliaria entre 1982 y 1984 y e MINVU se vio “obligado” a reformularla dictando en 1985 una nueva Política Nacional de Desarrollo Urbano. Este cuerpo contenía disposiciones muy similares al Plan intercomunal del 60, en su versión original. De hecho marca una vuelta atrás en materia de Planificación Urbana, ya que retrocede Al nivel de los años 60 en cuanto a los conceptos, metodología y técnicas urbanísticas contenidas en ella.

Sin embargo, lejos de querer revertir las tendencias que reconoce en los movimientos migratorios "campo - ciudad" y "ciudades menores - metrópolis" llevando infraestructura y equipamiento hacia los focos de migración, asume la tendencia y plantea que "los centros urbanos chilenos deben enfrentar en las próximas décadas un crecimiento poblacional de gran magnitud. Traducido esto en términos de extensión urbana, puede estimarse que cada año deberían agregarse no menos de 1200 hectáreas a las actuales áreas urbanas, esto sin considerar todavía lo necesario para superar el actual déficit de viviendas"[7].

Constata además que junto con los beneficios que trae la gran ciudad, ésta ha envuelto a sus habitantes en graves problemas de índole económica y social. Altos costos y deseconomías, deterioro de las condiciones ambientales, carencia de viviendas y de servicios, ineficiencias operativas y administrativas, etc.. Termina el texto, en su parte introductoria, afirmando que el crecimiento de los centros urbanos en las últimas décadas generó problemas graves en las ciudades.

Vuelve a poner en la mesa de discusión el rol que le cabe al estado en la planificación sin descartar la participación de la iniciativa privada, y concluye que corresponde al estado la irrenunciable responsabilidad de procurar que las áreas urbanas en que viven la gran mayoría de los habitantes alcancen un estándar aceptable de habitabilidad conciliando desde una perspectiva superior los intereses de los particulares con el interés del bien común, entendiendo que toda promoción lleva implícito el concepto dinámico de acción, para lo cual el Estado necesita de voluntad y de medios.

A pesar de reconocer el error, se presenta con una timidez propia de quién no quiere desdecirse de sus convicciones anteriores y es fiel en plantear el absoluto respeto a la propiedad privada, así como continúa entendiendo lo rural, sólo desde lo urbano. Se fundamenta, eso sí, en reconocer que el suelo es un recurso económicamente escaso, debido a su naturaleza de bien útil no producido, y por tanto de una oferta absolutamente inelástica. Plantea , por lo mismo, la necesidad de elevar la intensidad de uso del suelo urbano, priorizando la densificación y la renovación por sobre el crecimiento en expansión.

Uno de los aspectos novedosos que presentaba la nueva política, era el de incorporar un capítulo dedicado a la participación de la comunidad en la toma de decisiones urbanas, pero este y otros capítulos de la nueva política de desarrollo urbano nunca se pudieron poner en práctica ya que pasaban por introducir algunas modificaciones previas a la Ley General de Urbanismo y Construcciones, para permitir la participación activa de la comunidad en la gestación y modificación de los Planes Intercomunales y Planos Reguladores locales, entre otras materias.

En la actualidad, los Planos Reguladores Comunales son los únicos instrumentos que requieren por ley, de una presentación a la comunidad antes de ser aprobados definitivamente, pero esta presentación es de carácter informativo y el municipio no está obligado a tomar en cuenta las opiniones de la comunidad. Las construcciones o modificaciones a los planes Intercomunales o Metropolitanos no requieren siquiera de información pública, sino que basta con un proceso de solicitud de informes a las comunas directamente afectadas por la modificación y sus vecinas en un acto no vinculante, ya que tampoco es obligatorio tomar en cuenta estas observaciones y el MINVU puede insistir en una posición divergente de la comunal, si así lo estima conveniente.

En este contexto, el sistema de planificación urbana en el ámbito local e intercomunal o metropolitano, no queda sujeto a ningún control de la comunidad a través de procedimientos directos y activos de participación pública, cuestión que lo convierte en un producto netamente tecnocrático.

Las modificaciones e incorporaciones de nuevas herramientas legales de mediados de la década de los 90 han incorporado temas de preocupación cada vez más importantes como el cuidado del medio ambiente y la descentralización y la desconcentración, pero sin duda, la cultura organizacional y la de los caudillos locales, fuertemente modelada por casi dos décadas de gobierno dictatorial no han logrado sobreponerse a los efectos del totalitarismo y persisten, en la mayoría de los casos, los viejos métodos en las nuevas estructuras, lo que ha demorado el cambio, salvo honrosas excepciones que han modernizado la gestión y han desarrollado políticas locales que han tendido a revertir la situación, como el caso de La Pintana, Santiago y otras comunas que se salen de la norma.

Por otro lado, las amarras constitucionales y el lento proceso de recuperación de la democracia, ha incidido en la incapacidad del Estado para enfrentar los apetitos de la empresa privada que han lucrado a costa de la calidad de vida de todos los habitantes de las metrópolis, sin revertir ninguna de las tendencias nefastas que dieron nacimiento a la política del 85.
5.- La Discusión Para Una Nueva Política Nacional de Desarrollo Urbana
y el Plan Regulador Metropolitano de Santiago.

A partir del inicio de la recuperación democrática, las fuerzas políticas que se incorporaron a la administración del modelo heredado de la dictadura quisieron dar respuesta a las varias y variadas inquietudes que los patrones de desarrollo urbano a nivel nacional habían generado en los distintos niveles y actores de la comunidad nacional.

Se inició, por tanto, un proceso nacional de discusión que, sin ser participativo en lo social, incorporó a variados actores del mundo político, académico y empresarial, con el objetivo de co- construir una nueva visión del desarrollo urbanos que el país necesita.

A pesar de no haberse materializado en un documento oficial del gobierno, el Programa de Gestión Urbana (PGU-LAC) de la Oficina Regional para América Latina y El Caribe, publicó en 1996 un libro que contiene los antecedentes de la consulta nacional para la formulación de una nueva política de desarrollo urbano que reúne textos de diversos actores con el objeto de preparar el camino a la nueva política

En ese texto, Edmundo Hermosilla, en ese tiempo Ministro de Vivienda y Urbanismo de Chile, en su texto "Orientaciones Básicas de la Política Nacional de Desarrollo Urbano" exponía los elementos más relevantes de la que debía ser una política urbana para el Chile de hoy y del futuro. Se planteaba que esta debía promover el surgimiento de una ciudad que fuera el reflejo de una sociedad equitativa, en donde el bien particular no primara sobre el bien común; una ciudad que fuera capaz de acoger a sus habitantes; que se estructurase sobre la base del desarrollo de sus espacios públicos y que promoviera el encuentro y el intercambio cotidiano; con una normativa simple y general, pero rigurosa y severa en su aplicación; una ciudad que asegurar a sus habitantes una relación sustentable con el medio ambiente y que se insertara de manera exitosa en el mundo global[8]. (Hermosilla 1996)

Para esto se planteaba el fortalecimiento de los sistemas urbanos en las distintas regiones del país para detener la migración hacia la metrópoli que dificulta cada vez más la solución a sus problemas. Esto pasa, según Hermosilla, por la creación y el fortalecimiento de subcentros capaces de responder a la demanda por bienes y servicios básicos, en todos los ámbitos del desarrollo humano; por la intensificación del uso del suelo y la revitalización de las áreas centrales deterioradas; la implementación de programas masivos de espacios abiertos públicos; una adecuada localización de la macroinfraestructura urbana de servicios; el fortalecimiento de los programas de pavimentación urbana; la implementación de planes de inversión vial de carácter integral y de largo plazo y el mejoramiento de los sistemas de transporte público y privado, entre otros.

Esta discusión dio a luz a uno de los esfuerzos más importantes del último tiempo en materia de planificación regional: el Plan Regulador Metropolitano de Santiago publicado en el D.O. el día 4 de noviembre de 1994, a partir de la resolución número 20 del 6 de Octubre del mismo año.

En el se establecen una serie de medidas en la dirección antes descrita. Sin embargo, la falta de participación de los gobiernos locales en el proceso y los apetitos inmobiliarios incorporados a la red de intereses tejidos sobre el negocio del suelo le significaron una serie de cuestionamientos y reparos que en 1997obligaron a la autoridad sectorial a torcer su brazo para incorporar cerca de 20000 nuevas hectáreas a las zonas urbanizables bajo un nuevo instrumento legal conocido como Zonas de Desarrollo Urbano Condicionado (ZDUC) publicado en el D.O el 12.12. 97. Esta resolución incorpora las comunas de Colina, Lampa y Til Til al PRMS y termina así con el sueño de contener la ciudad. En el mismo contexto, en la comuna de Pudahuel, ante la inminencia de la aprobación del Plan, los dueños de la tierra, en coordinación con la Municipalidad, se adelantaron a los objetivos que el Gobierno Regional venía trabajando en el PRMS, de contener la Ciudad, y en estricto apego a la ley vigente hasta ese momento, aprobaron una serie de proyectos que constituyeron derechos adquiridos sobre cerca de 5000 Há de las que el gobierno central esperaba excluir al desarrollo para cumplir los objetivos del Plan para la Descontaminación de Santiago. Esto generó una situación que marcaría el inicio formal de un proceso largo y tremendamente conflictivo entre la SEREMI MINVU, los Inversionistas Inmobiliarios y la Municipalidad, que hasta el día de hoy, sigue sin resolverse.

Esto ha dado paso a una nueva discusión que pretende en un futuro no muy lejano, volver a modificar la Ley General, pero que sin duda, dormirá en las instancias pertinentes hasta que en el congreso de la república corran aires de cambio y de democratización que permitan, de verdad, superponer al bien común a los intereses y a la iniciativa privada.

5. Conclusiones.

La primera conclusión que se puede extraer del presente trabajo es que la transformación productiva de las últimas décadas, ha traído consigo una serie de consecuencias que ha deteriorado significativamente la calidad de vida de los habitantes de las grandes ciudades y las capitales regionales, en especial la de la ciudad de Santiago. El ritmo de crecimiento en expansión, que ha depredado cientos de miles de hectáreas de riego, ha generado deseconomías urbanas que nadie ha pagado y cuyas consecuencias aun están lejos de poder medirse. Si se puede adelantar que el incremento significativo de las enfermedades mentales, de la contaminación y de sus consecuencias en la salud de las personas y la pérdida de capacidad productiva en agricultura, son algunos de los efectos que pueden verse a simple vista .

Sin duda que lo más elocuente en nuestra cultura empirista son las cifras. Lo anterior queda al descubierto con todo su drama cuando toma en consideración que la ciudad de Santiago, por dar un ejemplo, llega al siglo XX con 4.000 hectáreas de expansión. En los primeros 40 años del siglo la ciudad pasa de 4.000 a 10.985 para alcanzar en 1952 a 15.047 Has. En 1960 la ciudad ya se había extendido sobre 20.985 y en 1970 la ciudad alcanza a 30.000 para llegar a 1982 a 38.296 Has. Es decir 82 años le llevó a Santiago consumir 34.296 hectáreas de suelo y en los 15 años posteriores y a pesar de vivir el país, una de sus peores crisis económicas entre el 82 y el 84, que virtualmente lo paralizó, se duplicó en extensión.


Además la agudización de la segregación social del espacio urbano, que se manifiesta en la división funcional del espacio urbano entre usos residenciales, de esparcimiento, para la producción y para el comercio; resultado de la división del trabajo y del progreso tecnológico; y por otra parte, la división social del espacio entre ricos y pobres, producto de la desigual distribución del ingreso, con lo que el acceso a los bienes y servicios urbanos se hace igualmente dispar. La distribución espacial del ingreso y la concentración del mimo, tienen una clara expresión espacial en el Gran Santiago. Tanto los datos relativos a distribución del ingreso como la calidad del equipamiento, calidad de vida y estándares habitacionales se han distribuido crecientemente desiguales en los distintos barrios y comunas pudiendo concluir que el nivel de vida de la población se ha distribuido directamente proporcional a la distribución del ingreso.

Esto nos demuestra que las políticas de empleo, laborales y salariales, y el mecanismo de asignación y distribución de recursos que experimentó el país, con el crecimiento de la economía informal y el surgimiento del subcontrato como forma de externalizar los riegos y los costos fijos del proceso productivo, fue paulatinamente expresándose en el espacio urbano lo que derivó en ciudades marcadamente dicotómicas en donde coexisten sin tocarse la riqueza y la pobreza, el derroche y la escasez, la salud y la enfermedad, la superexplotación y el ocio. Esto hace prever que los conflictos sociales, lejos de disminuir, irán en aumento si es que es Estado no toma cartas en el asunto, por lo que se hace urgente revisar la legislación laboral vigente en el sentido de corregir las distorsiones creadas por el libre mercado del trabajo..

En otro orden de cosas, se puede concluir que con la legalidad vigente, en la cual la subordinación del bien común al capital es evidente, ha persistido y persistirá el crecimiento en extensión lo que seguirá generando deseconomías urbanas y dispersando las energías económicas en construir más ciudad sin enfatizar en mejorar la existente. El defectuoso mercado del suelo , exacerbado por las prácticas especulativas, solo puede ser revertido por un cambio estructural de las leyes que rigen el comportamiento de los distintos actores involucrados en el hacer ciudad, por lo que aparece indispensable la democratización de la sociedad chilena y el término de los enclaves autoritarios que impiden los cambios legales sin los cuales todas las buenas intenciones quedarán en el papel.

Además es innegable que este proceso que aparece como difícil de revertir generará un desplazamiento espacial de los focos de conflictividad urbana, concentrando de manera peligrosa en los barrios marginales, el desempleo, la drogadicción, el alcoholismo, la violencia intrafamliar y otras lacras sociales en las cuales la deficitaria calidad de vida juega un importante rol detonador. Esto redundará en un deterioro de las condiciones del hábitat familiar y local, lo que será cada día más difícil de revertir debido a lo permanente de las inversiones urbanas y habitacionales, que sin importar su calidad tienden a permanecer en el tiempo como pies forzados de futuros enfoques para solucionar los conflictos creados durante años de persistencia de las mismas políticas. Además creo importante recordar los nefastos efectos que esta forma de entender el desarrollo urbano trae asociados en el ámbito de la contaminación ambiental, de la informalización del espacio público, de la seguridad ciudadana y de la pérdida del patrimonio histórico de las ciudades y de sus habitantes.

Otra conclusión que es posible sacar de todo esto es que, a la luz de los nuevos aires de reconstrucción democrática, el estudio de las políticas públicas obliga a construir una visión integradora del rol del estado y su responsabilidad social. En el caso de la política de desarrollo urbano y de las políticas habitacionales, esto significa dar vuelta la concepción del desarrollo urbano y hacer ciudad desde la vivienda que es el lugar en donde se da la vida y en torno al cual giran las demás actividades.

Esto obliga a repensar el rol que el estado debe jugar en la reconstrucción de la comunidad urbana que se ha visto destruida por la racionalidad vigente, siendo capaces de cuestionar en un futuro próximo a la racionalidad económica que la acompaña. Esto no puede realizarse sin profundizar significativamente los procesos democráticos que cursan en nuestro país promoviendo la participación ciudadana en los procesos de gestación y focalización de las políticas, así como en las discusiones acerca de las orientaciones que estas deben tener; en este sentido, la descentralización efectiva y la desconcentración que busca potenciar el empoderamiento de las masas se hace estrictamente necesario y trasladar aun más recursos y competencias a las esferas locales de decisión se percibe como imprescindible.

En un ámbito más particular, se hace estrictamente necesario replantearnos los programas y las políticas habitacionales tremendamente especializados y aislados como parcelas incoherentes, reemplazándolos por programas integradores e integrales, en donde vivienda, educación y salud, esparcimiento y deporte, acceso a los bienes y servicios básicos, acceso al trabajo; sean partes de un solo programa de elevación de la calidad de vida, de manera integral, en donde el desarrollo humano como lo entiende Luis Brahm en su texto acerca de la estructura espacial del desarrollo humano del Gran Santiago, sea el objetivo de las políticas gubernamentales (Brahm,1991).

Se ha repetido hasta el cansancio que la segregación ha cargado a los municipios más pobres con la responsabilidad sobre los más desposeídos. A pesar de todo los criterios de ubicación en los últimos años parece no haber variado y las mal llamadas soluciones habitacionales han seguido siendo ubicadas en las comunidades periféricas, a pesar de los alegatos de las autoridades locales. La conformación de extensos getos de pobres, consecuencias que hoy se viven en numerosas comunas periféricas del Gran Santiago, estigmatizadas como tales, sin acceso a satisfacer las necesidades mínimas para una vida digna, ha generado extensas zonas urbanas que hoy son caldo de cultivo para la delincuencia y para el desarrollo de enfermedades sociales como la drogadicción, el alcoholismo, la desesperanza aprendida y otras que son producto directo de la desintegración y destrucción absoluta de lo que antaño se conocía como una comunidad urbana.

Aparece como lógico entonces, promover cambios en la Ley General de urbanismo y construcción de manera que se obligue a cada comuna a incorporar un porcentaje de vivienda social al interior de su territorio con la salvedad, en un primer momento, que la comuna que desee eximirse de este deber deberá pagar anualmente una cantidad fija reajustable por vivienda social no tenida, que debiera conformar un fondo para el mejoramiento del hábitat popular, con el objeto de solventar la disminución de las diferencias existentes entre las comunas periféricas y las centrales o pericentrales. Del mismo modo debiera, dentro de los esfuerzos de descentralización, otorgar potestad a los gobiernos locales para aprobar la incorporación o no de mayores cantidades de viviendas sociales y la posibilidad de generar concursos de arquitectura para mejorar los diseños de los conjuntos en cuestión, permitiendo que la diversidad geográfica y socioeconómica de cada región sea considerada en cada proyecto con el objetivo de introducir criterios de identidad regional y local en el proceso habitacional.

Por otro lado hay que incluir criterios de sustentabilidad en la generación de los programas habitacionales, lo que implica privilegiar calidad por sobre la cantidad; lo que pasa por construir casas de mayor tamaño y de mejor materialidad, abandonando la producción de productos desechables; y por otro lado incorporar en su entorno los elementos necesarios para la satisfacción de las necesidades de los beneficiarios, entendidas estas como el derecho a la salud, a la educación, al trabajo, al esparcimiento y a la cultura.
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[1] Jadue, Daniel. "Desarrollo Urbano Sustentable y Políticas Habitacionales en Chile". En Revista Alternativa. Instituto de Ciencias Alejandro Lipshutz. Año 2 Nº 10, Octubre, Noviembre y Diciembre de 1998.
[2] Diaz, Alvaro. “Chile :¿Hacia el Pos – neoliberalismo? John Hopkins University . Social Impacts Of Neoliberalism. Austin Texas.1996.

[3] Ministerio de Urbanismo. “Política Nacional de Desarrollo Urbano”. División de Desarrollo Urbano. Santiago de Chile., 1979.
[4] Ministerio de Urbanismo. “Política Nacional de Desarrollo Urbano”. División de Desarrollo Urbano. Santiago de Chile., 1985.
[5] Brieva, Amador y Lionel Bastías. Ley General de Urbanismo y Construcciones. Editorial Jurídica de Chile, Santiago, Diciembre de 1977.
[6] Centro De Estudios del Desarrollo, CED. "Santiago, Dos Ciudades". Santiago, Noviembre de 1990.
[7] Ministerio de Urbanismo. “Política Nacional de Desarrollo Urbano”. División de Desarrollo Urbano. Santiago de Chile., 1985, pág 2.

[8] Hermosilla, Edmundo, "Orientaciones Básicas de la Poílita Nacional de Desarrollo Urban. En Chile Urbano. Programa de Gestión Urbana - PGU, Oficina Regionakl Para América Latina y El Caribe. Quito, Ecuador, 1996.


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1.31.2008

¿UN NUEVO HOLOCAUSTO?

El 26 de Octubre de 2005, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la designación del 27 de enero de cada año como el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto.

En la misma resolución, la ONU, recomienda la elaboración de programas para la educación de las futuras generaciones sobre las lecciones de este genocidio y explícitamente rechaza cualquier intento de refutar la historicidad de aquella dramática y negra página de la, cada día más negra, historia de la humanidad.

Los estados que aprobaron dicha resolución aprovecharon la oportunidad para condenar “sin reservas” todas las manifestaciones en contra de personas o comunidades sobre la base de sus orígenes étnicos o sus creencias. Lo increíble, sin embargo, es que hayan tenido que pasar 60 años para que las Naciones Unidas tomaran una medida que era indispensable desde el mismo día y año de cometidos los crímenes contra la humanidad a los que se refiere la declaración.


Impulsar la conciencia de la humanidad hacia la convicción inequívoca de que hechos como estos no debían repetirse demandaba sin duda acciones más inmediatas y radicales que una simple resolución 60 años después.

Hoy, con la complicidad principal de EEUU la historia se repite y la comunidad internacional calla ante los crímenes y ante el terrorismo de Estado de Israel en Gaza y Cisjordania. Resulta paradójico e increíble, que durante los 62 años siguientes, todos los días de cada año y todas las horas de cada día, el mundo siga siendo testigo mudo y cómplice de otro holocausto similar, por no decir idéntico a aquel que inspiró esta decisión.




Lo más patético, sin embargo, es que quienes cometen hoy estos crímenes sean descendientes y herederos de las víctimas de ayer y utilicen sus nombres y su propio dolor como sobrevivientes o descendientes para justificar el mismo patrón de comportamiento, las mismas mentiras y la misma política de exterminio, contra otro pueblo, esta vez más débil que ellos.




Resulta verdaderamente vergonzoso e indignante ver cómo, quienes debieran honrar la memoria de las víctimas, precisamente para asegurar que estos hechos no se repitieran más, ensucian sus nombres y llenan sus historias de vergüenza al replicar los sufrimientos que ellos padecieron, esta vez contra los palestinos representados en estos días, particularmente, por el cerco a Gaza, que ha devenido en un nuevo Guetto esta vez administrado por los presentantes de Israel.Cuantos años más harán falta para que todos los dioses y sus seguidores en la tierra se convenzan de que no hay nada ni nadie, de que no hay idea ni promesa divina que justifique lo que los nazis hicieron con los judíos y tampoco lo que hoy los israelíes hacen con los palestinos. Cuantos años más deberán pasar para entender que lo verdaderamente revolucionario es atreverse a mirarnos como iguales y abocarnos a construir una sociedad más justa para todos y todas, sin dioses de por medio, sin promesas falsas y sin guerras santas que con la promesa del cielo terminan por recrear el peor de los infiernos.


Lamentablemente no existen por ahora, en ninguno de ambos lados, líderes con cojones y con voluntad de superar esta hora maldita que viven nuestros pueblos hace ya tantos años.

Lamentablemente en ambos lados, existen más líderes dispuestos a conducir a sus pueblos hacia la solución final que algunas mentes afiebradas como la de Ariel Sharon alguna vez propusieron, antes que enfocarse decididamente a la tarea de construir una sociedad nueva, verdaderamente humanista, sin discriminación de ningún tipo, en donde el nazismo, el apartheid y el sionismo; donde la pobreza y el hambre; donde la enfermedad, el derroche y la escasez, sean solo un mal recuerdo y un ejemplo de aquello que los seres humanos deben superar como especie para mirar con algo de esperanza el futuro.




No faltarán quienes levanten su voz horrorizados por mi singular comparación. No faltarán quienes me acusarán de neonazi por decir que me da pena y vergüenza el solo imaginarme a las víctimas del nazismo revolcándose en sus tumbas al ver lo que los sionistas han hecho en su nombre. Pero mi conciencia está y estará tranquila porque ya no creo, en ninguna promesa divina, porque ya no creo que bienaventurados sean los que sufren y que luego de muertos serán recompensados en un reino que nadie tiene el gusto de conocer. Tampoco creo que una guerra pueda ser santa. Mucho menos, después de ver las atroces consecuencias de las mentiras con que suelen justificarse todas las batallas.




Porque tampoco creo que algún dios haya puesto los bienes en la tierra solo para el 5% de la población mundial mientras el otro 70% no puede satisfacer sus necesidades básicas ni vivir dignamente, porque no creo que el mundo ni la realidad actual sea la vara justa para medir a la verdadera humanidad y mucho menos sea la vara para medir la modernidad y su promesa incumplida de anteponer la razón y el humanismo a cualquier otra consideración, para construir un mundo mejor para todos y todas.




Es de esperar que más temprano que tarde aparezcan en ambos bandos líderes de la talla de aquellos pocos que han sabido conducir a sus pueblos por los caminos de la paz, de la justicia y de la libertad basada en estos principios y no en el poder del dinero ni en la subordinación de unos bajo la bota de otros.




No tengo duda que tendrán que venir desde la izquierda palestina e israelí, desde aquellos partidos laicos capaces de entender que el futuro de ambos pueblos está indisolublemente unido y que se requiere avanzar hacia un estado binacional capaz de acoger por igual y sin discriminación a judíos, cristianos, musulmanes, agnósticos y ateos, en definitiva a cualquier hombre o mujer libre de pensar y vivir como quiera pero en un estado modelo, democrático e igualitario, comprometido con la defensa y el respeto irrestricto de los derechos humanos y capaz de extender la ética, a las relaciones entre la especie humana y el medio ambiente del cual es parte.

Solo así tendremos una paz justa y duradera. Solo así generaremos un desarrollo sustentable y podremos mirar a los ojos con absoluta tranquilidad a las generaciones futuras, partiendo, por supuesto, por nuestros hijos.


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1.28.2008

ENCUENTRO REGIONAL DE PARTIDOS COMUNISTAS DE MEDIO ORIENTE: COMUNICADO DE PRENSA CONJUNTO


El pasado 5 de enero de 2008, y bajo el lema "Los últimos acontecimientos recientes en la región. Los planes para el 'Gran Oriente Medio' y la respuesta del Movimiento Comunista y Antiimperialista", se celebró en Atenas un cónclave de partidos comunistas y obreros de aquellos países que pertenecen al área geográfica del sur y el este del Mediterráneo, así como al Mar Rojo y la zona del Golfo Pérsico.

En esta reunión participaron representantes de la Tribuna Democrática Progresista de Bahrein, AKEL (de Chipre), el Partido Comunista de Grecia (KKE), el Partido Tudeh (de Irán), el Partido Comunista de Israel, el Partido Comunista Jordano, el Partido Comunista Libanés, el Partido del Pueblo Palestino, el Partido Comunista Sudanés, el Partido Comunista Sirio, el Partido Comunista de Siria y el Partido Comunista de Turquía. Asimismo, participó Kyriakos Triantafillidis, europarlamentario de AKEL y presidente de la Comisión del Parlamento Europeo para las relaciones con el Consejo Legislativo Palestino; y su colega europarlamentario por el KKE Giorgos Toussas, que también es miembro del anteriormente citado comité. Igualmente asistió y dirigió su saludo a los allí reunidos una delegación del Partido Comunista de Cuba.


El encuentro, que se encargó de organizar y auspiciar en Atenas el KKE, constituye una prolongación de otra reunión precedente, de carácter extraordinario, que tuvo lugar en agosto de 2006 a raíz de la injusta invasión que Israel protagonizó en el Líbano y la agresión continua que se perpetra contra el pueblo palestino. Los partidos de la región debatieron acerca de la escalada que en dicha zona está experimentando la intervención imperialista y los graves problemas que a los pueblos allí ubicados les genera el plan EE.UU.-OTAN para la formación de un "Gran Oriente Medio", así como la ingerencia de las fuerzas más reaccionarias que ha propiciado la denominada "guerra contra el terrorismo", afectando a una muy amplia franja del territorio. La conferencia de Annapolis, recientemente celebrada, y que había sido concebida para adecuarse a las líneas maestras trazadas por unos planes estadounidenses de alcance más general, ha redundado en un empeoramiento y agravamiento de la situación.

Los participantes señalaron que los comunistas se hallan a la vanguardia de la lucha por la democracia y el impulso de los intereses de los pueblos; a la vanguardia también de la lucha política e ideológica que se ha marcado como objetivo exponer y plantar batalla a la acción de aquellas fuerzas políticas que aspiran a sacar provecho de la situación y que se presentan a sí mismas como valedoras y "defensoras" de los pueblos, cuando, en realidad, sólo velan por sus propios intereses particulares y por erigirse en competencia de los Estados Unidos. Se subrayó la necesidad que para la lucha de los pueblos tiene el dotar a esa lucha de unas connotaciones de unidad, de clase y políticas. Se expresó, análogamente, la preocupación que existe ante el azuzamiento de las divisiones y de los conflictos de naturaleza religiosa, sectaria o étnica. Muchos de los participantes denunciaron los planes imperialistas para dividir y desmantelar los países, así como la agresividad de la que el sionismo hace gala en la región.

Los participantes resaltaron la necesidad de trabajar activamente en aras de la creación de un frente político y social unido en la región con un más amplio apoyo internacional de partidos, movimientos y organizaciones, para arremeter contra el plan imperialista que contempla la formación de un "Gran Oriente Medio" y su supuesta "democratización".

A la luz de la evolución reciente de los acontecimientos, los participantes expresaron su preocupación ante la posibilidad de una escalada en la virulencia de los ataques imperialistas contra los pueblos de Líbano, Palestina, Siria, Irán, Irak, Afganistán y Pakistán.

Ante esta situación, los participantes consideran que debe reforzarse el movimiento de solidaridad internacional con los pueblos de la región, así como el apoyo que ha de brindarse a la lucha de las fuerzas democráticas y progresistas de la región por la democracia, la libertad y la justicia social; a una acción libre de trabas y obstáculos sindical y política de aquellas fuerzas que combaten contra el imperialismo; al desarrollo de una actividad en condiciones de plena libertad e legalidad de los movimientos y partidos progresistas.

Recalcaron, asimismo, la necesidad de intensificar aún más la lucha para defender la soberanía nacional y la integridad territorial de cada uno de los países frente a cualquier intervención imperialista que se lleve a cabo bajo cualquier pretexto. Se incidió mucho en el hecho de que la lucha y la resistencia de los pueblos no es terrorismo, sino que es el derecho de cada pueblo para escoger las formas que caractericen su lucha.

Por último, los presentes en la reunión se comprometieron a intensificar su lucha en defensa del derecho inalienable de todos los pueblos para decidir por sí mismos y decidir de manera soberana el futuro de su tierra. Los participantes expresaron su solidaridad con la Cuba socialista, exigiendo el levantamiento del bloqueo estadounidense.

Los participantes exigieron:

· La restauración de la soberanía del Líbano y cese de todo tipo de control y bloqueo aéreo, marítimo y fronterizo del Líbano, así como de las violaciones diarias israelíes. Es necesario realizar reformas para contrarrestar la división del Líbano sobre bases étnicas y religiosas.

· La retirada del ejército israelí de los territorios palestinos, libaneses y sirios ocupados desde 1967, el total desmantelamiento de los asentamientos y la demolición del muro israelí. La creación de un estado palestino con Jerusalén como capital, junto a Israel. La solución del asunto de los refugiados y el retorno de los refugiados palestinos según la resolución 194 de la Asamblea de la ONU y en línea con las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU relativas al tema.

· La liberación inmediata por Israel de todos los presos políticos libaneses, palestinos y de otros países árabes.

· Un Oriente Medio libre de armas nucleares, comenzando por la eliminación del arsenal nuclear de Israel.

· El fin de las amenazas y los actos de intimidación por parte de los EEUU y otras fuerzas imperialistas contra el pueblo de Siria y la liberación de los Altos del Golán.

· El cese de todas las amenazas de ataque militar o imposición de sanciones económicas contra Irán, así como solidaridad con la lucha del pueblo iraní por la paz, la democracia, los derechos humanos y la justicia social.

· La retirada inmediata de las tropas imperialistas de ocupación de Irak y Afganistán, y el derecho de los pueblos a decidir por sí mismos sobre su propio futuro.

· El cese inmediato de las operaciones militares turcas contra los kurdos en el norte de Irak, que son causa de nuevas intervenciones imperialistas.

· La retirada de las fuerzas turcas de ocupación de Chipre y la solución del problema de Chipre de acuerdo con las resoluciones de la ONU, el derecho internacional y los acuerdos de alto nivel que apuestan por una solución de federación bizonal y bicomunal.

· La retirada de todas las bases militares extranjeras de los países de la región. Los participantes se manifestaron contra el establecimiento de nuevas bases.

· En el encuentro se discutieron varias propuestas de iniciativas y acciones conjuntas, incluyendo:

· Visitas de delegaciones conjuntas de Partidos Comunistas y Obreros a los países de la región (especialmente al Líbano, Palestina, Siria e Israel).

· Coordinación en el Parlamento Europeo y en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Invitaciones a los Partidos Comunistas y Obreros de la región, especialmente del Líbano, Palestina, Siria e Israel, a tomar parte en la sesiones del Parlamento Europeo.

· Continuar con las acciones conjuntas y la movilización de los partidos en el presente año. Aprovechar los actos de masas y las iniciativas como festivales, marchas, etc., para el fortalecimiento de la solidaridad.

· Apoyar las movilizaciones en protesta contra los planes imperialistas para un "Nuevo Oriente Medio" con ocasión de la visita de Bush a Oriente Medio en enero de 2008.

· Presionar a todo gobierno que acepte o no reaccione contra el plan para un "Nuevo Oriente Medio" y no condene la agresividad israelí hacia los pueblos de la región, los asentamientos, el muro divisor y el genocidio contra el pueblo palestino.


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1.21.2008

FEDERACIÓN PALESTINA DE CHILE. DECLARACIÓN PÚBLICA

Frente a los deleznables acontecimientos que en estos días se desarrollan en los territorios palestinos de Gaza, ocupados militarmente por Israel desde 1967, en donde se han asesinado impunemente a varias decenas de palestinos inocentes y se ha impuesto a la población, toda clase de castigos colectivos, recordando el cerco a Beirut, que en 1992 terminara en las masacres de Sabra y Shatila, la Federación Palestina de Chile viene a declarar públicamente lo siguiente.

1. Condenamos de la manera más enérgica este nuevo genocidio del pueblo palestino a manos del estado de Israel el que consideramos solamente comparable al impuesto por el nazismo en contra de los judíos en tiempos de la segunda guerra mundial.


1. Recordamos al mundo, y en especial al pueblo de chile y a su gobierno, que la causa fundamental de la violencia política que azota en estos días a Medio Oriente es la ocupación israelí de los territorios palestinos y árabes, además de la violación permanente y sistemática de todos los derechos humanos de los palestinos durante los últimos 40 años.

2. Lamentamos profundamente que al drama de la ocupación y la violación sistemática de los derechos palestinos se sume la hipocresía y el silencio cómplice de Estados Unidos y de la comunidad internacional toda, que corre rauda a condenar cualquier acto violento del lado palestino mientras guarda vergonzoso silencio ante la violencia y el terrorismo de estado permanente y sistemático de la ocupación israelí.

3. Llamamos la atención de que todo proceso de paz para el medio oriente está y estará condenado al fracaso mientras se siga subordinando el respeto al derecho internacional y a los derechos inalienables del pueblo palestino, así como a las miles de resoluciones de la ONU que obligan a Israel a retirarse incondicionalmente de los territorios ocupados, a la entrega de garantías de seguridad para un estado que muestra un permanente y sistemático desprecio, no solo por el derecho internacional, por los derechos humanos de los palestinos y por el derecho a la vida, sino también por la comunidad internacional en su conjunto.

4. Denunciamos que con estas acciones, Israel solo consigue el fortalecimiento de las posiciones más radicales al interior del pueblo palestino y el debilitamiento de la Autoridad Nacional Palestina con lo que lejos de contribuir a la paz, socava cualquier intento de dialogo constructivo y de búsqueda de una solución justa y duradera para el conflicto, poniendo en entredicho, de paso, las tesis de reparto y de intercambio de paz por territorios.

5. Llamamos al pueblo de chile, a las organizaciones sociales, políticas y de masas a solidarizar activamente con el pueblo palestino y a denunciar este genocidio para aislar al estado de Israel y develar su verdadero carácter, de estado colonial y terrorista.

6. Llamamos por último, al gobierno de chile, a no guardar silencio ante esta nueva masacre y a denunciar a Israel en los foros internacionales exigiendo el cumplimiento irrestricto del derecho internacional y el respeto integral de los derechos humanos inalienables del pueblo palestino, que incluyen el retorno, la autodeterminación y el establecimiento de un estado palestino independiente en Palestina y con Jerusalén por capital.





Mauricio Abu Ghosh
Presidente
Federación Palestina de Chile


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12.19.2007

CRECIMIENTO, PRODUCTIVIDAD Y CLIMA LABORAL.

En el último tiempo tanto los espacios académicos como los medios de comunicación de masas ligados a la derecha tradicional de nuestro país han llamado la atención acerca del estancamiento del ritmo de crecimiento de la economía chilena.

En su análisis suelen presentar la acumulación de trabajo, la acumulación de capital y la productividad como los factores determinantes del crecimiento económico y fieles a su discurso neoliberal sobreideologizado, han pretendido demostrar que a pesar de haberse mantenido la inversión de capital o incluso, en algunas áreas de la economía, de haberse incrementado, el crecimiento económico sigue estancado, lo que, según ellos, se explicaría por el estancamiento del factor conocido como productividad.


A su vez, y profundizando aún más el discurso neoliberal pretenden instalar, y para ellos se coordinan y actúan con una unidad y conciencia de clase verdaderamente digna de imitar, pretenden explicar el estancamiento de la productividad con las mismas variables que vienen repitiendo hace ya varias décadas sin obtener los resultados esperados.

Para ellos, y de esto da cuenta por ejemplo, la editorial del mercurio del día martes 18 de Diciembre del presente año en su artículo denominado “Relación entre inversión y crecimiento”, que la desaceleración de la productividad está ligada a factores tales como reformas económicas, flexibilidad en los mercados, eficiencia del sector público, calidad de la educación y funcionamiento de las instituciones. Aprovechan mediante esta definición, de endosar la responsabilidad de la productividad, de manera casi exclusiva en el mundo de los trabajadores y en el del gobierno, omitiendo ex profeso, aquellas variables en donde los responsables son exclusivamente los dueños de las empresas y la alta dirección de las mismas.

Por lo mismo, no debe llamarnos la atención el hecho de que estos académicos y comunicadores sociales dejen fuera de sus discursos explicativos estos factores que sin duda tienen en nuestro país, una mucha mayor incidencia en el estancamiento de la productividad que aquellos que guardan relación con los trabajadores y el estado y que guardan relación con lo que se conoce, en las academias de buen nivel y los países desarrollados, como clima laboral.

El clima laboral se entiende como el ambiente o la atmósfera en el que se desarrolla el trabajo dentro de la empresa y surge, principalmente, de las percepciones de los trabajadores respecto de las estructuras y procesos que ocurren en la empresa.

Dentro de estos procesos se destacan las condiciones de trabajo, la satisfacción en el mismo, los estilos de liderazgo, las relaciones interpersonales que en el trabajo se dan, el nivel de identificación de los trabajadores y trabajadoras con las empresas en que se desempeñan y principalmente la percepción acerca de la adecuación de la recompensa percibida por el trabajo realizado y su nivel participación en la repartición de los beneficios generados.

Lamentablemente, en nuestro país, tanto la derecha económica y académica como los lideres de los grandes empresarios han preferido omitir estos temas porque están tan mal calificados para dirigir los procesos económicos del país y adolecen de convicciones democráticas que en otros países ya nadie discute, que aun no caen en la cuenta que no hay mejor forma de aumentar la productividad de una nación que teniendo trabajadores satisfechos y contentos, orgullosos de ser parte de las empresas en donde se desarrollan, capaces de dar a sus familias, mediante su trabajo, la calidad de vida con la que sueñan para sus seres queridos e integrados plenamente a una sociedad que cuando esta en problemas les pide sacrificios pero que cuando le va bien es capaz de hacer participar a todos de los beneficios propios de los tiempos de bonanza.

De más está decir que en nuestro país lo que caracteriza el clima laboral es precisamente lo contrario: estilos de liderazgo autoritarios, exclusión social y política, ambientes competitivos y completamente atomizados, malas o insuficientes condiciones de trabajo, largas jornadas de trabajo y miles de familias viviendo en situaciones dramáticas debido a la incapacidad de proveerse de la calidad de vida con que sueñan para ellos y sus hijos, todo ello coronado con sueldos y salarios que solo sirven para reproducir y aumentar la desigualdad.

Esto contrasta fuertemente con países desarrollados en donde se trabaja mucho menos, se gana mucho más y, por lo mismo, se produce casi tres o cuatro veces lo que se produce en nuestro país y mientras las discusiones y la toma de decisiones se sigan dando con el sesgo que el sistema electoral le impone a la sociedad chilena, dejando excluidos de participar en las discusiones y en la toma de decisiones legislativas a vastos e importantes sectores, mucho más identificados con el destino de los trabajadores que aquellos que se reparten cómodamente el poder, se ve difícil que la situación vaya a cambiar tan radicalmente como nuestro país lo requiere.


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12.10.2007

TRANSANTIAGO EN RECOLETA.SIN CAMBIOS NI MEJORAS A POCOS DÍAS DEL PLAZO FATAL.

Menos de un mes queda para que se cumplan los plazos dados a los habitantes de la Región Metropolitana, por parte del ministro de transportes, René Cortazar, para la normalización del servicio de transporte colectivo de la capital y antes del cumplimiento de este plazo fatal se ha informado de supuestos “profundos cambios” en materia de nuevos servicios y modificación de 25 recorridos que tienen por objeto disminuir el número de transbordos y los tiempos de espera en los paraderos para los pasajeros del transantiago.


Ha dicho el ministro además, que “estos cambios responden a las necesidades concretas de la comunidad expresadas a través de sus organizaciones sociales a los municipios” y a continuación ha explicado que estos cambios se efectuarán en las comunas de Las Condes, Santiago, Maipú, Quilicura, Renca, Pudahuel y Puente Alto.



Llama la atención que nuestra comuna, Recoleta, no figure en los cambios anunciados toda vez que la comunidad recoletana ha expresado en reiteradas oportunidades, a través de organizaciones sociales y coordinadoras sectoriales, la necesidad de efectuar modificaciones a los recorridos existentes en la comuna para sacar del aislamiento en que quedaron a grandes zonas de la comuna como Valdivieso, El Salto y gran parte de la zona norte.

Claro está que lo que ha fallado aquí no es la administración del transantiago sino la falta de liderazgo de las autoridades locales que a diferencia de lo ocurrido en otras partes, no han logrado ver, en las organizaciones sociales de la comuna y en sus dirigentes, a sus socios estratégicos y han preferido enfrentarlos como si fueran enemigos políticos más que representantes de la comunidad y, por lo tanto, aliados incondicionales a la hora de buscar un mejoramiento en la calidad de vida de los habitantes.

Esto se ha visto agravado con algunas iniciativas que apuntan hacia una disminución de los costos de operación de algunos servicios básicos de fundamental importancia para la comunidad como son los intentos de cierre de colegios y consultorios, que al desaparecer significarían un evidente ahorro en los costos de operación tanto del gobierno local como de los niveles subnacionales del gobierno central y, al mismo tiempo, un incremento de la necesidad de los vecinos de estos barrios de desplazarse a lugares distantes en búsqueda de satisfacer esas mismas necesidades, lo que, a todas luces significaría un encarecimiento del costo de la vida para los sectores populares que viven en estos barrios y que se verán enfrentados a mayores gastos de tiempo y dinero para satisfacer sus necesidades básicas.

Ante este escenario se hace imprescindible que las autoridades locales, los dirigentes sociales y principalmente el alcalde de Recoleta, Sr. Gonzalo Cornejo, adopten un nuevo enfoque en la forma de relacionarse que mantienen, dejando de lado las diferencias político partidistas y desarrollando una alianza estratégica capaz de ponerse por encima de las legítimas diferencias existentes entre los actores comunales para poner sobre cualquier otra consideración, los objetivos de mejorar la calidad de vida de nuestros vecinos. Sabemos y somos partes de exitosas experiencias que avalan esta posición y creemos que se pueden replicar en otras áreas en donde resulta imprescindible la cooperación entre actores de distinto signo político y la voluntad de poner al centro las ganas de trabajar unidos por el bien de la comunidad.

Solo así podremos aunar esfuerzos y aprovechar las sinergias existentes en torno a los distintos roles sociales y políticos que los actores relevantes de la comunidad estamos llamados a jugar. Por lo demás, ninguno de los cambios anunciados van en la dirección correcta para lograra mejorar la relación de los habitantes de la Región metropolitana y debemos hacer un esfuerzo mancomunado para desarrollar una participación ciudadana protagónica capaz de definir acciones para intervenir el territorio de manera de desincentivar los viajes, y tratando de dotar a los distintos barrios de la mayor oferta posible de productos y servicios básicos de consumo cotidiano.

De lo contrario, seguiremos financiando de nuestros bolsillos, con nuestros impuestos, las utilidades de quienes se han evidenciado como incapaces de proveer de servicios de transporte colectivo eficientes y eficaces para la región metropolitana.


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11.20.2007

RECOLETA, LA DELINCUENCIA Y EL MODELO ECONÓMICO.

No pasa un día en nuestro país, sin que el tema de la seguridad Ciudadana surja como protagonista obligado en los medios de comunicación. Hace un par de días, apareció un nueevo estudio de La Fundación Paz Ciudadana, ligada a la derecha política y económica, que demuestra un incremento significativo de la ocurrencia de delitos contra la propiedad y entre las comunas con mayor incremento se encuentra nuestra comuna, la comuna de Recoleta.
Imposible no recordar, en este escenario, todas las promesas que en esta materia hiciera, durante su última campaña a la reelección, la autoridad máxima comunal, que hizo del combate a la delincuencia una de las líneas más importantes de su programa de gobierno, mientras criticaba al nivel central por su incapacidad para desarrollar políticas de prevención exitosas en coordinación con los gobiernos locales, que según él eran los únicos capaces de abordar el tema por su cercanía y mejor conocimiento de la realidad social en la base.

Sin duda que no ha logrado cumplir con estas promesas, a la luz de las cifras que hemos conocido recientemente y que están construidas por una fundación claramente identificada con su mismo sector político. La razón para explicar aquello, sin embargo, se encuentra precisamente en lo que nadie discute.

Claro está que pocos atinan a darse cuenta de que este tema y sobretodo la mirada que sobre él prevalece en nuestros tiempos ha sido instalado en nuestro país por la derecha representada hoy en día por la Alianza por Chile y por algunos ideólogos de la Concertación que hace ya rato abandonaron la vocación y la necesidad de buscar soluciones de fondo a los problemas y se sumaron, resignados y derrotados, a la corriente de las soluciones superficiales, cortoplazistas y centradas sobretodo, en los dividendos electorales más que en el desarrollo de un nuevo tipo de sociedad que sea capaz de poner al centro de la discusión, la felicidad de los seres humanos y no solo el crecimiento económico, la inflación y la balanza comercial.


La derecha lo ha hecho porque la economía es el centro de sus preocupaciones y porque es consciente de que la seguridad ciudadana, como ellos le llaman, es uno de los pocos temas en donde aun pueden sacar algún beneficio político y en donde aun pueden aspirar a diferenciarse de esa Concertación con la que tanto, y cada día más, se parecen. Sobretodo, si consideramos además, que es uno de los pocos temas que les permiten dejar de lado la búsqueda de una sociedad más justa para centrarse en algo que les causa profundo placer: aumentar la represión y el control social formal sin importar las causas profundas del fenómeno principal.


La concertación, por su parte, reproduce el modelo socioeconómico con algunos cambios cosméticos que en nada alteran la arquitectura institucional fundamental impuesta por la dictadura. Esto a causa de la mediocridad y el acomodo, por una parte y por otra, por una renuncia ideológica a buscar e imaginar una sociedad distinta a la que nos legara la dictadura.

Ahora bien, esta visión del tema tiene sus raíces en dos procesos distintos pero complementarios que chile viene recorriendo hace ya más de tres décadas. El primero es la implantación, por la fuerza, y la mantención por medio de los enclaves autoritarios que aun mantienen conculcado el derecho a la autodeterminación del pueblo chileno, de un sistema económico excluyente y con una fuerte tendencia la concentración de la riqueza y al oligopolio de las grandes empresas nacionales y transnacionales en el reparto de los beneficios del sistema de producción nacional.

Esto se ha hecho de la mano de una apertura unilateral sin defensa ni protección para nuestra pequeña y mediana industria lo que ha impactado fuertemente en la sustentabilidad de los pequeños y medianos productores y empresarios que generan cerca del 75 % de los empleos de este país, muchos de los cuales han terminado proletarizándose en beneficio de los primeros.

En segundo lugar, mediante el manejo de la opinión pública a través del control de los medios de comunicación que le dan una cobertura desmedida a los hechos delictuales generando la sensación de que es el tema de mayor importancia para la población, para que luego las instituciones que se dedican al tema, como Paz Ciudadana, realicen encuestas y estudios que, intencionadamente confirmen que ese el tema más relevante, cerrando el círculo cuando los medios de comunicación, de los mismos propietarios e dan una cobertura desmedida también, a esos estudios generando una suerte de realidad mediática impenetrable por la realidad de la vida cotidiana de las personas.

De hecho, si uno consulta a la mayoría de la gente acerca de lo que más le preocupa y le genera inseguridad, y opone el hecho de ser asaltado con el hecho de estar desempleado; o con el hecho de no poder brindar a su familia y a sus hijos lo básico para una vida digna o una buena educación, no tengo duda que la gran mayoría de los chilenos y chilenas revelarían que sus preocupaciones más importantes y su inseguridad más dramática provienen de aquellos temas como son el trabajo, la salud, la educación de sus hijos y la falta de tiempo para estar con la familia provocada por las extensas jornadas laborales que ambos padres deben asumir para poder mantener un hogar en forma digna. De hecho existen numerosos estudios bastante más serios que los realizados por dichas fundaciones que demuestran claramente la relación directamente proporcional de las crisis económicas