11.04.2009

SANTIAGO BAJO EL AGUA ... OTRA VEZ.

Cada vez que viene un temporal de lluvia, frío y nieve con aludes y, muerte y destrucción incorporados; cada vez que nuestro país se inunda llevando el sufrimiento y la impotencia a vastos sectores de chilenos, pero ensañándose de manera particular con los que viven en la marginalidad social, surgen voces acomodadas que, desde sus oficinas o desde su culposa posición, se dedican a buscar responsables entre los actores de la realidad contemporánea sin, siquiera echar un vistazo a la historia reciente de nuestra patria. Como si la ciudad que hoy vivimos se hubiera construido por arte de magia.

De paso, se invoca el cambio para que todo siga igual, y se hacen diagnósticos y críticas, que nada tienen de nuevo, a los gobiernos de turno y que es menor aun lo que aportan a las soluciones reales que se requieren para dar por superado, de una vez y para siempre, el problema de la cuenca de Santiago.



Resulta fundamental entender que Santiago forma parte de una extensa cuenca rodeada de cerros en todo su perímetro cuyas aguas fluyen por sus cauces naturales y por toda su superficie, hacia la zona más baja de la cuenca, en los sectores de Pudahuel – Lampa – Maipú, y hacia el océano pacífico a través de sus ríos.




El término cuenca define un “territorio rodeado de alturas cuyas aguas afluyen todas a un mismo río, lago o mar”. Las aguas pueden fluir a través de cauces naturales visibles o a través de cursos de aguas subterráneos o pueden infiltrarse directamente en la cuenca a través del terreno de la misma.




No obstante lo anterior, toda cuenca posee una capacidad limitada de absorción de aguas antes de llegar a inundarse. Las aguas que no escurren son las que, infiltrándose en la tierra, alimentan los ciclos naturales que generan la vegetación, las actividades agrícolas y la vida urbana de una cuenca.




Cuando una cuenca es ocupada por una ciudad, su capacidad de infiltración y escurrimiento natural, se ve afectado por la construcción de edificios e infraestructura caminera y de todo tipo, que restan a la cuenca capacidad de infiltración y drenaje de las aguas, lo que puede ser revertido mediante adecuadas obras de infraestructura que permitan a las aguas recuperar su cauce normal, de forma de no alterar los ciclos naturales ni dañar el medio ambiente.




Pozos de absorción, colectores primarios y secundarios, redes de evacuación de aguas lluvias, redes de alcantarillado, plantas de tratamiento, etc, son algunas de las obras que persiguen ese objetivo. Sin embargo, todas las obras mencionadas no pueden ni podrán solucionar el problema de una cuenca una vez que el equilibrio de la misma se haya roto como hace años ya, se rompió el equilibrio de la cuenca de Santiago.




Ahora bien, el problema de la región Metropolitana, y de todas las cuencas del país, reside fundamentalmente en que, desde la formulación de la política Nacional de Desarrollo Urbano de 1979 y 1985, en tiempos de dictadura militar, se entregó el destino de las ciudades, y por lo tanto, de las cuencas naturales, al todopoderoso y eterno “libre mercado”. Lo que devino en una sobreexplotación, a cargo de las inmobiliarias privadas, de tierras naturales que proveían al Gran Santiago de servicios ambientales irreemplazables, como son los servicios de drenaje, ventilación, absorción de residuos, etc.




Esto trajo consigo una merma significativa en la capacidad de absorción, infiltración y drenaje, las que han sido drásticamente disminuidas sin obligar a los realizadores de estos estupendos negocios inmobiliarios a la realización de la infraestructura mínima necesaria para paliar los efectos de este fenómeno e incluso, sin la planificación mínima que permitiría evitar construcciones de todos los niveles sociales, en zonas de evidente riesgo natural.




En síntesis, los problemas que frecuentemente se repiten en nuestras ciudades en épocas de lluvias radican en el manejo no sustentable que durante muchos años se ha venido realizando en nuestro país de las cuencas que albergan nuestras ciudades, las que son expresión clara de una sobre ideologización que ha confiado desmedidamente en el mercado y en la iniciativa privada para guiar los destinos de una sociedad descerebrada, incapaz de pensarse y limitarse a sí misma con miras al bien común.




Lo anterior se debe a la continuidad esencial de las políticas urbanas implantadas durante la dictadura, que han promovido la conformación de una ciudad altamente ineficiente e inequitativa, con un manejo no sustentable de la cuenca que la acoge y absolutamente incapaz de resolver el problema de la marginalidad social, aun escondida en el pobre concepto de “la pobreza”.




En ellas, la naturaleza, la tierra y, por ende, las cuencas que acogen las ciudades y también los seres humanos, fueron considerados solo como instrumento para el crecimiento económico y el mercado se declaró amo y señor del suelo, tanto urbano como rural.




Se eliminó, de todas las áreas de la actividad nacional, la planificación y la participación comunitaria real y concreta. La tierra dejó de ser considerada como un bien escaso y como materia prima para la satisfacción de las necesidades, y se anularon las limitaciones de explotación que sobe ella existía[1].




En el ámbito urbano, la reestructuración neoliberal de la sociedad propugnó una reforma a la institucionalidad urbanística que puso fin abruptamente al ideario precedente, basado fundamentalmente en la planificación central del desarrollo urbano, reprobándolo por ineficaz y obstaculizador de la iniciativa privada, se eliminaron los límites urbanos y se incorporaron áreas de expansión urbana sobre los mejores suelos agrícolas de la cuenca de Santiago, que también son los suelos ideales para la infiltración de las aguas, reemplazándolos por calles y conjuntos residenciales en extensión horizontal pero con densidades similares a las construcciones en altura, bajo el precepto de que el uso del suelo debía ser definido por la rentabilidad del mismo.




La ciudad creció en diez años lo que no había crecido en cincuenta y multiplicó por dos su extensión en poco más de una década. Esto trajo consigo una superexplotación absolutamente irracional de la cuenca de nuestras ciudades, ocupando enormes extensiones de tierras aptas para la infiltración de las aguas de la cuenca, pavimentándolas o construyendo sobre ellas y poniendo caminos que actuaron como diques de contención, sin ningún ordenamiento ni planificación del crecimiento, el que quedó subordinado a los intereses inmobiliarios de la iniciativa privada. Así, las cuencas fueron consideradas solo como un receptáculo de inversiones inmobiliarias cuyo impacto sobre el medio ambiente y la naturaleza ni siquiera fue considerado como un tema.




La vivienda, considerada hasta el gobierno de Salvador Allende, como un derecho, fue considerada como un bien y desde ese momento debía adquirirse con el esfuerzo y el ahorro de la familia, reservando para el Estado solo la planificación de los ritmos de construcción necesarios para paliar el déficit, la gestión de las normas y la subsidiariedad para aquellos que no pudieran por sí solos, resolver el financiamiento de su propia vivienda.




Para cumplir con los objetivos, se buscó construir la vivienda social más barata del mundo y como los materiales y la mano de obra carecen de elasticidad, se optó por construir en los terrenos más baratos de la cuenca: la periferia de las ciudades, los terrenos agrícolas, las laderas de los cerros y algunas zonas en evidente situación de riesgo en las cuales hasta el día de hoy se sigue construyendo de manera absolutamente irresponsable.




Por último se resguardaba también para el estado el control del proceso, cuya producción caía bajo la responsabilidad exclusiva del sector privado que a partir de entonces podía lucrar indiscriminadamente con las necesidades más básicas de los chilenos y chilenas, sin limitaciones ni resguardos, sin un ideal de ciudad de por medio y sin las mínimas exigencias que aseguraran como había sido hasta esa fecha, una adecuada relación de las ciudades con su naturaleza circundante. Los privados, pudieron entonces hacer grandes negocios, especulando con el suelo que rodeaba Santiago, vendiendo parcelas y predios rústicos por aquí y por allá, hipotecando el futuro de numerosas familias con su accionar completamente inescrupuloso ante la vista cómplice de los ideólogos de la dictadura, los actuales adalides del cambio.




Se pretendía la formación de un mercado abierto de suelo y de viviendas, tal como se hizo con todas las áreas de la vida cotidiana y paulatinamente se iría completando el traspaso de responsabilidades al sector privado, entregándole primero la responsabilidad sobre los proyectos de arquitectura y urbanización, y posteriormente la elección de los terrenos para la ubicación de los conjuntos, sistema conocido como “llave en mano”.




El mercado inmobiliario se apoderó de la ciudad y los habitantes de menores recursos fueron expulsados de los lugares en donde vivían y llevados a la periferia, sin considerar sus expectativas de vida y mucho menos la capacidad real de esa periferia de dar respuestas adecuadas a la implantación en ellas de miles de viviendas que cuando fueron entregadas, ya formaban parte del parque deficitario de viviendas en Chile, escondiendo la pobreza y cubriendo con un velo de lejanía, la segregación espacial y social que se iba gestando en este Chile moderno cuya política de desarrollo urbano aspiraba a la conformación de barrios homogéneos en donde los ricos vivirían con los ricos y los pobres con los pobres, en barrios que tendrían la oferta de servicios que la demanda que sobre ellos se instalaran pudieran pagar. Así, en los barrios de las clases adineradas habría de todo y en los sectores populares, muy poco o casi nada.




La especulación del suelo urbano terminó por arrasar con estupendos suelos agrícolas y con gran parte de la capacidad de infiltración y absorción de aguas de la cuenca, con innumerables plazas de trabajo y con no menos comunidades rurales que fueron absorbidas por el siempre todopoderoso crecimiento económico. Las clases adineradas comenzaron a subir por los cerros, buscando exclusividad y naturaleza y al poco tiempo surgieron las construcciones populares que seguían a los negocios inmobiliarios para servir a los señores y poder subsistir. Nuestra cordillera y nuestros cerros se llenaron de casas y de viviendas populares instaladas en zonas de riesgo, sin ninguna planificación ni obra de mitigación.




El error fue reconocido más tarde en la Política Nacional de Desarrollo Urbano de 1985[2] debido a la evidencia de que el suelo urbano no respondía a las leyes de la economía clásica debido a sus muy particulares condiciones, pero el proceso se reveló ya como algo irreversible, ya que el estado nunca volvió a tener capacidad de gestión, ni competencia, ni atribuciones y mucho menos voluntad política para pensar por la sociedad en su conjunto, y mucho menos para disputar, a la iniciativa privada, aquellas áreas en donde el lucro aparecía como un contrasentido, ubicándose siempre al servicio de los intereses privados que hicieron de la especulación el mejor de los negocios.




El término del régimen autoritario trajo consigo a gobiernos que con la promesa de una transición a la democracia y con la imposibilidad de profundizar los procesos de democratización y reconstrucción de la sociedad civil, se han dedicado sólo a administrar el modelo, intentando “humanizarlo”, perpetuando un sistema antidemocrático, no participativo y excluyente que para nada ha logrado revertir el proceso antes mencionado por lo tanto sigue siendo incapaz de dar solución permanente a problemas que requieren de un estado fuerte, con recursos, voluntad política y atribuciones para intervenir el territorio manera de definir cómo y hacia donde crece la ciudad y construir los colectores primarios, secundarios y todas las obras que se debieron haber construido en los últimos 32 años y de los cuales solo se han hecho una parte.




Los tímidos avances en materia de descentralización se han encontrado con una cultura organizacional que ha mantenido la vieja forma de hacer política en las nuevas estructuras. En este contexto, se intentó poner término oficial a la expansión ilimitada de la Metrópoli y a la ocupación irracional de la cuenca, con el Plan Regulador Metropolitano de Santiago PRMS 1994), pero proyectos como el Plan Chacabuco y otros, o la incorporación de las zonas aledañas a Melipilla o Pirque, avalados por el mismo gobierno, siguen atentando contra los suelos fértiles, contra la capacidad de absorción de aguas de la cuenca de Santiago, contra las fuentes de trabajo que de ellos emanan o podrían emanar y contra las comunidades que en ellos viven, a lo largo de todo el país.




La primera conclusión que se puede extraer del presente texto es que la implantación del neoliberalismo en nuestro país, modelo por esencia concentrador de recursos y de mercados de todo tipo, y la subordinación al mercado que de este proceso emanó de todas las actividades cotidianas, trajo consigo un crecimiento desmesurado y desordenado de las áreas metropolitanas de nuestro país, principalmente, el Gran Santiago, lo que ha traído una serie de consecuencias que ha deteriorado significativamente la calidad de vida de los habitantes de las grandes ciudades y las capitales regionales, en especial la de la ciudad de Santiago. A esto debe sumarse el accionar individual de quienes sin responsabilidad alguna sobre las consecuencias de sus actos, intervienen el territorio pensando que por comprar un pedazo de tierra, pueden hacer con ella lo que quieran sin medir ni asumir sus consecuencias, como fue el caso del dique que contribuyó a generar las dramáticas consecuencias que todo el país pudo contemplar hace pocos días en el Alud de Farellones.




Entre estas consecuencias destacan el manejo no sustentable de la cuenca de Santiago y de casi todas las cuencas del país, la incorporación de miles de hectáreas históricamente destinadas a actividades agrícolas y a la infiltración natural de las aguas, al crecimiento urbano, la falta de fiscalización de las direcciones de obras municipales que en muchas oportunidades han actuado como cómplices de los intereses privados legitimando la construcción en zonas de riesgo, además de la precariedad de las construcciones y de las condiciones de urbanización, que son las que han permitido que se repitan cada ciertos años, las mismas imágenes que hoy mantienen en vilo al país en su conjunto.




Sin duda, lo más elocuente en nuestra cultura empirista son las cifras y lo anterior queda al descubierto con todo su drama cuando toma en consideración que la ciudad de Santiago, por dar un ejemplo, llega al siglo XX con 4.000 hectáreas de expansión. En los primeros 40 años del siglo la ciudad pasa de 4.000 a 10.985 para alcanzar en 1952 a 15.047 Has. En 1960 la ciudad ya se había extendido sobre 20.985 y en 1970 la ciudad alcanza a 30.000 para llegar a 1982 a 38.296 Has. Es decir 82 años le llevó a Santiago consumir 34.296 hectáreas de suelo y en los 15 años posteriores y a pesar de vivir el país, dos de sus peores crisis económicas entre 1982 y 1984 y entre el 97 y el 2002 , que virtualmente lo han paralizado, se duplicó en extensión.




El ritmo de crecimiento en expansión ha generado, grandes utilidades para los empresarios inmobiliarios y, al mismo tiempo, deseconomías urbanas que nadie ha pagado y cuyas consecuencias aun están lejos de poder medirse. Sin embargo, para nadie puede ser una novedad el que la incapacidad de absorción de aguas de las cuencas urbanas, la construcción sistemática de viviendas sociales en áreas de riesgos naturales y las vidas perdidas por los recientes temporales, junto al incremento significativo de las enfermedades mentales, de la contaminación y de sus consecuencias en la salud de las personas y la pérdida de capacidad productiva en agricultura, son algunos de los efectos que pueden verse a simple vista.




La obsesión por la rentabilidad urbana hizo disminuir paulatinamente el interés por el espacio público y las áreas verdes bajando significativamente la relación de estos espacios por habitante en las metrópolis chilenas; fueron desapareciendo proporcionalmente los espacios de esparcimiento y de extensión de las viviendas así como una parte significativa del espacio colectivo, mientras aumentaban paulatinamente los espacios ocupados por el automóvil,. Esto trajo consigo una disminución significativa de los espacios públicos y, por ende, una disminución del encuentro social, de los espacios de reunión y de reproducción de la cultura, tan importante para el desarrollo humano.




Además, la agudización de la segregación social del espacio urbano, que se manifiesta en la división funcional del espacio urbano entre usos residenciales, de esparcimiento, para la producción y para el comercio; resultado de la división del trabajo y del progreso tecnológico por una parte; y por otra, la división social del espacio entre ricos y pobres, fue determinando que el acceso a los bienes y servicios urbanos fuese igualmente dispar.




Así las cosas, se puede concluir también que la distribución espacial del ingreso y la concentración del mimo, tienen una clara expresión espacial en el Gran Santiago. Tanto los datos relativos a distribución del ingreso como la calidad del equipamiento, calidad de vida y estándares habitacionales se han distribuido crecientemente desiguales en los distintos barrios y comunas pudiendo concluir que el nivel de vida de la población se ha distribuido en el espacio urbano, de manera directamente proporcional a la distribución del ingreso.




De la misma manera, se ve con claridad, que el proceso de segregación espacial que se inició en la dictadura y que fue llevado a cabo a través de la expulsión forzada de los habitantes hacia la periferia, se ha seguido desarrollando en el actual sistema político por la expulsión velada que significa la continuación de un modelo de desarrollo urbano y de política habitacional, que no ha cambiado los patrones de localización de los programas habitacionales al interior de la ciudad, ni ha democratizado el proceso al no otorgar posibilidad alguna de elección a los beneficiarios, lo que sigue atentando contra el manejo sustentable de la cuenca, privilegiando la extensión en la horizontal con la densificación en altura del centro abandonado y deteriorado de la metrópolis.




La riqueza se ha seguido acumulando, la pobreza se ha seguido extendiendo y la distribución del ingreso es cada día más desigual distanciando aún más las realidades que coexisten sin convivir, al interior de nuestra “comunidad urbana”.




En este contexto, estos últimos años han estado marcado por un aumento sustantivo en la conflictividad social producto de la excesiva y desigual división de los costos y los beneficios del equilibrio macroeconómico entre la población en tiempos de crisis. Ningún sector productivo ha estado ajeno a ello y sin duda los movimientos sociales de carácter reivindicativos fueron protagonistas inolvidables del año que esta terminando. Sorpresivamente y por primera vez, luego de casi tres décadas, a las demandas más tradicionales como trabajo, salud y educación se sumó la crisis del modelo de políticas habitacionales, la contaminación y la congestión, en síntesis, el deterioro progresivo de la calidad de vida de los habitantes de la gran ciudad metropolitana, hoy se suman los problemas de las inundaciones y el deterioro aumenta significativamente.




Esto nos demuestra que las políticas tributarias, de empleo, laborales y salariales, y el mecanismo de asignación y distribución de recursos que experimentó el país, con el crecimiento de la economía informal y el surgimiento del subcontrato como forma de externalizar los riegos y los costos fijos del proceso productivo, fue paulatinamente expresándose en el espacio urbano lo que derivó en ciudades marcadamente dicotómicas en donde coexisten sin tocarse la riqueza y la pobreza, el derroche y la escasez, la salud y la enfermedad, la superexplotación y el ocio, la seguridad y la vulnerabilidad.




Aunque no se puede asumir una posición causalista, esto hace prever que los conflictos sociales, lejos de disminuir, irán en aumento si es que el Estado no toma cartas en el asunto.




Se hace urgente revisar la legislación tributaria y laboral vigente en el sentido de corregir las desigualdades creadas por el libre mercado del trabajo, en donde las empresas expropian al trabajador una parte del producto de su trabajo (ünica fuente Legítima de Propiedad Privada) a través de sueldos miserables que permiten destruir la propiedad privada del trabajador para generar la gran propiedad privada del empresario, concentrando los ingresos cada vez más, en menos manos, y el estado está incapacitado para recuperar esa expropiación por medio de más impuestos, que en nuestro país son particularmente bajos para las empresas y particularmente altos para las personas y los trabajadores independientes, lo que implica que se privilegia la doble expropiación al trabajador, por una parte el empresario le expropia una parte creciente de su sueldo y por otra el estado vuelve a castigar con impuestos a los que menos ganan, cobrando proporcionalmente menos, mientras más se gana.




Además, es innegable que este proceso de segregación urbana, que es producto del modelo antes descrito, aparece como difícil de revertir y generará un desplazamiento espacial de los focos de conflictividad urbana hacia la periferia. Esto ha redundado y lo seguirá haciendo, en un deterioro de las condiciones del hábitat familiar y local, lo que será cada día más difícil de revertir debido a lo permanente de las inversiones urbanas y habitacionales, que sin importar su calidad tienden a permanecer en el tiempo como pies forzados de futuros enfoques para solucionar los conflictos creados durante años de persistencia de las mismas políticas.




En otro orden de cosas aparece como claro que con la legalidad vigente, en la cual la subordinación del bien común al capital es evidente, ha persistido y persistirá el crecimiento en extensión lo que seguirá generando deseconomías urbanas y dispersando las energías económicas en construir más ciudad sin mejorar la existente, utilizando más proporción de la cuenca, sin corregir ni reconstruir su capacidad de infiltración y absorción de aguas. Esto sin duda terminará con el desperfilamiento de la región como límite político administrativo real y se avanzará a paso cada vez más agigantados hacia la conformación de una Megalópolis entre la Región Metropolitana y la V Región lo que traerá consecuencias urbanas espaciales de dimensiones imposibles de anticipar.




El defectuoso mercado del suelo, exacerbado por las prácticas especulativas, solo puede ser revertido por un cambio estructural de las leyes que rigen el comportamiento de los distintos actores involucrados en el hacer ciudad y en el manejo de las cuencas geográficas, por lo que aparece indispensable la democratización de la sociedad chilena y el término de los enclaves autoritarios que impiden los cambios legales sin los cuales todas las buenas intenciones quedarán en el papel.




Otra conclusión que es posible sacar de todo esto es que, a la luz de los nuevos aires de supuesta reconstrucción democrática, el estudio de las políticas públicas obliga a construir una visión integradora del rol del estado y su responsabilidad social. En el caso de las políticas de protección medioambiental, desarrollo urbano y habitacionales, esto significa dar vuelta la concepción del desarrollo urbano, y replantearse la concepción sectorialista del estado, hacer ciudad desde la vivienda, entendida esta como el lugar en donde se da la vida y en torno al cual giran las demás actividades; como un proceso complejo desde el cual deben articularse las otras actividades: y no a partir de las actividades económicas y la rentabilidad del suelo. Esto debiera llevar a la conformación de barrios preferentemente mixtos y equilibrados, con las salvedades solo de las actividades incompatibles entre si, para revertir en algo el tremendo grado de especialización del uso del suelo urbano.




Esto obliga a repensar el rol que el estado debe jugar en la reconstrucción de la comunidad urbana que se ha visto destruida por la racionalidad vigente, siendo capaces de cuestionar en un futuro próximo a la racionalidad económica que la acompaña. Esto no podrá realizarse sin profundizar significativamente los procesos democráticos que cursan en nuestro país promoviendo la participación ciudadana en los procesos de gestación y focalización de las políticas, así como en las discusiones acerca de las orientaciones que estas deben tener. En este sentido, la descentralización efectiva y la desconcentración que busca potenciar el empoderamiento de las masas se hace estrictamente necesario y trasladar aun más recursos y competencias a las esferas locales de decisión se percibe como imprescindible.




En un ámbito más particular, se hace también necesario replantearnos los programas y las políticas habitacionales tremendamente especializados y aislados como parcelas incoherentes, reemplazándolos por programas integradores e integrales, en donde vivienda, educación y salud, trabajo, esparcimiento y deporte, acceso a los bienes y servicios básicos; sean partes de un solo programa de elevación de la calidad de vida, de manera integral, en donde el desarrollo humano como lo entiende Luis Brahm en su texto acerca de la estructura espacial del desarrollo humano del Gran Santiago, sea el objetivo de las políticas gubernamentales (Brahm,1991).




Aparece como lógico entonces, promover cambios en la Constitución de la República, en la Ley General de Urbanismo y Construcciones, en la ley de expropiaciones y en particular, en los instrumentos de Planificación Territorial, en todos sus niveles de manera que se obligue a cada comuna a incorporar un porcentaje de vivienda social al interior de su territorio, con la salvedad, en un primer momento, que la comuna que desee eximirse de este deber deberá pagar anualmente una cantidad fija reajustable por vivienda social no tenida (equivalente a las contribuciones eximidas por vivienda), que debiera conformar un fondo para el mejoramiento del hábitat popular, con el objeto de solventar la disminución de las diferencias existentes entre las comunas periféricas y las centrales o pericentrales.




Del mismo modo debiera, dentro de los esfuerzos de descentralización, otorgar potestad a los gobiernos locales para aprobar la incorporación o no de mayores cantidades de viviendas sociales y la posibilidad de generar concursos de arquitectura para mejorar los diseños de los conjuntos en cuestión, permitiendo que la diversidad geográfica y socioeconómica de cada región sea considerada en cada proyecto con el objetivo de introducir criterios de identidad regional y local en el proceso habitacional.




Por último hay que incluir criterios de sustentabilidad – tanto ambiental como social y económica – en la generación de las políticas de desarrollo urbano y de los programas habitacionales, lo que implica privilegiar calidad por sobre la cantidad; lo que pasa por construir casas de mayor tamaño y de mejor materialidad, abandonando la producción de casas – productos, desechables, que al momento de ser entregados pasan a engrosar el parque de viviendas deficitarias de nuestro país. Al mismo tiempo, es imprescindible incorporar en su entorno los elementos necesarios para la satisfacción de las necesidades de los beneficiarios, entendidas estas como el derecho a la salud, a la educación, al trabajo, al esparcimiento, a la cultura, a la seguridad ciudadana – tanto en términos sociales como medioambientales – y a vivir en un medio ambiente libre de contaminación y de irrenunciable respeto a la biodiversidad.




Claro está que bajo este “modelo” de desarrollo humano y de crecimiento económico, parece difícil que cambios como estos puedan si quiera, pensarse.




[1] Ministerio de Urbanismo. “Política Nacional de Desarrollo Urbano”. División de Desarrollo Urbano. Santiago de Chile., 1979.




[2] Ministerio de Urbanismo. “Política Nacional de Desarrollo Urbano”. División de Desarrollo Urbano. Santiago de Chile., 1985.


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9.13.2009

¿Seguirá la Comunidad Internacional Premiando a Israel por mantener la Ocupación?

Hemos sido invitados hoy, a aportar, desde nuestras distintas experiencias y convicciones, a un debate que pretende ayudar a que el Congreso Nacional de Brasil pueda tomar la mejor decisión ante la disyuntiva de ratificar o rechazar el acuerdo de libre comercio con Israel, que se pretende aprobar en el marco del Mercosur. Hoy quiero exponer a ustedes algunas de las razones por las que muchos latinoamericanos de origen palestino creemos que este acuerdo debe ser rechazado.

Este debate se da por cierto, en un escenario en que, si bien ya no cabe hablar con la misma resignación de hace algunos años, del discurso único ni mucho menos del fin de la historia, aun no aparecen con absoluta nitidez, las alternativas de desarrollo que puedan oponerse al sobreideologizado núcleo de pensadores que insiste en que toda mayor cuota de libre comercio a nivel mundial y, por tanto, toda apertura de nuevos mercados es siempre positiva y por ende bienvenida, más allá de cualquier consideración ética o moral.

Debo reconocer que no comparto esa visión, pero hoy no vengo a discutir con ustedes de economía. Quiero hablar desde lo ético. Desde los principios y desde el significativo avance de la conciencia universal en torno al valor incuestionable que poseen hoy los derechos humanos individuales y colectivos, mucho más que desde lo meramente económico.

No puedo ocultar, sin embargo, mi desconfianza y mi rechazo a toda esa fraseología oficialista que hoy adormece las conciencias de muchos y muchas, e inmoviliza a no pocos de quienes alguna vez acostumbraron a guiar sus acciones por principios y valores universales, mucho más que por fines o por intereses exclusivamente económicos.


Quiero partir con una breve presentación ya que la única manera de ser objetivo al hablar es explicitando el lugar desde donde se habla. Soy chileno, de origen palestino, de militancia comunista y masón como, sin duda, deben serlo varios de los aquí presentes.


He conocido y presenciado, por tanto, desde todos mis lugares en el mundo contemporáneo, el de hijo de palestinos; el de chileno, el de comunista y el de masón, directa o indirectamente, la discriminación, el prejuicio, el exilio, la persecución, la cárcel, la tortura y las violaciones constantes y sistemáticas a todos los derechos humanos conocidos y por conocer. He sentido más de alguna vez la invisibilidad que sufren los que no están del lado de los vencedores. De aquellos que escriben la historia y determinan la realidad mediante el uso y el abuso del lenguaje que es capaz de construir realidades porque es la casa del ser.


He conocido también, indirectamente claro, la muerte, que se ha llevado a varios de mis seres queridos, de mis compañeros de ruta, de mis familiares y amigos. Se que la mayoría de ustedes sabe perfectamente de qué hablo. Por lo mismo, no quiero aburrirles narrando experiencias por todos conocidas.


Hoy quiero hablarles solo como un ciudadano común. Con respeto y humildad. Agradeciendo, desde ya a la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional del Congreso de Brasil, y muy especialmente al Diputado Marcondes Gandelha, por esta tribuna.


Hoy quiero hablarles como un latinoamericano que no ha perdido la memoria y que conoce por la propia experiencia, el verdadero significado de la falta de libertad, de democracia y del desprecio absoluto por el derecho internacional y por los derechos humanos; y lo dramático y difícil que es resulta soportar aquello en ausencia de una solidaridad internacional real y efectiva, debido a la culpa que muchos sienten hasta hoy por el Holocausto Nazi.


Todos sabemos y recordamos lo que vivió nuestro continente de la mano de algunas de las peores dictaduras que conoce la historia latinoamericana.


Extrañamente, todas ellas siempre encontraron en el estado de Israel un socio leal, siempre dispuesto a colaborar cuando de violar algún embargo de armas, reprimir o violar derechos humanos se trataba. Pero eso no es lo relevante. Afortunadamente, las dictaduras latinoamericanas, con todo su desprecio por la vida y por los derechos humanos ya son parte de nuestra historia, con la sola y dolorosa excepción de la Honduras de hoy.


Pero creo que junto a la reconstrucción de nuestras democracias, con la incipiente instalación de una cultura de los derechos humanos que crece y se convierte de a poco en mínimo común denominador del pensamiento contemporáneo, quizá la principal tarea pendiente de nuestras sociedades sea crear y fortalecer los mecanismos para velar por que situaciones como las que nos tocaron vivir, no vuelvan a ser parte del presente de nuestros pueblos, ni de ningún otro pueblo del mundo en ninguna parte, nunca más.


Lamentablemente, esto no pasa de ser un deseo de buena voluntad en un mundo en que aún existe tanta injusticia y tanta crueldad amparada en la mirada indiferente de la comunidad internacional.


Por lo mismo, hoy los quiero invitar a reflexionar acerca de lo que significaría en este preciso minuto, en el que Israel le da, una y otra vez, la espalda al proceso de paz, premiar a su gobierno con la apertura del mercado latinoamericano para los productos, bienes y servicios que se producen sobre el dolor, la expoliación, el sufrimiento y el exterminio del pueblo palestino.


Hoy los quiero invitar a reflexionar acerca de la señal que el Congreso Nacional de uno de los países más importantes de la Región está a punto de mandar al mundo entero, cuando se dispone a premiar con un acuerdo de libre comercio, a una potencia ocupante que ha demostrado a lo largo de toda su existencia, lo repito una vez más, un desprecio absoluto por el derecho y la comunidad internacional y por los derechos humanos individuales y colectivos del pueblo palestino.


Todos sabemos que la ocupación israelí causa a diario daños inmensos a la población palestina, matan inocentes, destruyen o confiscan sus tierras y sus casas; bombardean y demuelen su infraestructura básica; limitan o paralizan por completo su capacidad de movimiento. Miles de civiles no pueden encontrar trabajo, ir a la escuela o recibir tratamiento medico como resultado de esas acciones israelíes. Todo ello como parte de una política, incluso más amplia, de exterminio físico y político de todo un pueblo. Los premiaremos por ello?


Todos fuimos testigos de lo que fue el último bombardeo y la invasión a Gaza en donde murieron mas de 1500 civiles inocentes en poco menos de un mes, un tercio de ellos, menores de 18 años. Todos vimos como la infraestructura de salud, educación, agua potable y electricidad, de una de las zonas más densamente pobladas del mundo, fue destruida por completo, reduciendo a escombros las vidas cotidianas y los sueños de miles y miles de palestinos indefensos. Los premiaremos por ello?


Todos somos testigos de la nula voluntad de paz que Israel manifiesta, especialmente desde el último cambio de gobierno, cuando en contra de toda la legalidad y desoyendo los llamados de toda la comunidad internacional, le cierra la puerta a la solución de “dos estados” y continua con la construcción del muro del apartheid y con la expansión de los asentamientos ilegales en los territorios ocupados, mientras demuele las añosas casas de los palestinos en Jerusalen Oriental porque según ellos, no tienen permiso de construcción. Los premiaremos por ello también?


Claro, los palestinos, no tenemos la capacidad de desarrollar un lobby tan profesional y con tantos recursos como el Estado de Israel, pues estamos ocupados en resistir la más cruel y larga ocupación de la que la historia contemporánea tenga conocimiento.


Tampoco tenemos la capacidad de influir, mediante complejas maquinarias de desinformación, en la percepción que una parte importante de la población mundial posee, de una situación que es vista, todavía, a través del lente deformante del Holocausto Nazi, donde cualquier crítica o falta de solidaridad y comprensión para con el estado de Israel es vista como una continuación de las políticas del nazismo. haciendo invisible este nuevo holocausto que ahora el sionismo realiza contra el pueblo palestino.


O acaso el sionismo se ha convertido en una pandemia universal mucho más mortífera que cualquier otra conocida, una pandemia parecida a la esquizofrenia, que convierte a la ocupación en víctima y a la resistencia, en terrorismo, justificando todo el crimen y la crueldad que la ocupación trae consigo. Afortunadamente, la existencia, cada día mayor, de judíos antisionistas que se rebelan contra el Estado de Israel y su política, en el mundo entero, y que ayudan a revelar el verdadero carácter del sionismo, nos dice que aun hay esperanza.


Hoy quiero hacerles una pregunta que ruego, cada uno conteste en silencio con una mano en sus corazón. Cuanto tiempo más será el Holocausto, un cheque en blanco entregado a Israel para que cometa crímenes iguales o peores contra otro pueblo cuyo único delito es vivir en la tierra en la que ha vivido por los últimos tres mil o cuatro mil años? No ha sido ya suficiente sufrimiento el que el mundo le ha impuesto al pueblo palestino para tratar de lavar su conciencia frente al Holocausto Nazi?


Todos sabemos que el estado de Israel ha demostrado, hace ya más de 40 años un desprecio absoluto por el derecho internacional. Todos sabemos que es uno de los estados más condenados en el mundo por violaciones sistemáticas a todos los derechos humanos individuales y colectivos, conocidos y por conocer. Les vuelvo a preguntar. Los premiaremos por ello? Podrán mirar a sus hijos y nietos a los ojos con tranquilidad luego de hacerlo? Cual hubiera sido nuestra reacción como latinoamericanos si cuando sufríamos el peso de las dictaduras la comunidad internacional se hubiera lanzado a legitimarlas firmando acuerdos de libre comercio?


Castigaremos, acaso, a los palestinos por no tener amigos poderosos en el concierto internacional y por no lograr casi de ningún país, salvo honrosas excepciones, algo más que una declaración tibia que iguala al ocupante con toda su siembra de destrucción y muerte con la resistencia legítima que desarrolla el ocupado.


Y prevengo que cuando hablo de resistencia no solo me refiero a las acciones violentas que se desarrollan en el marco del legítimo derecho que lo pueblos tienen a la resistencia. También me refiero a esa resistencia que no tiene cobertura en los medios de comunicación de masas. A esa resistencia que se expresa en cada oportunidad que un palestino o una palestina vuelve a plantar un árbol que los israelíes han arrancado para ahogar la economía palestina mientras otros países otorgan facilidades y premian a la economía israelí.


Me refiero a la resistencia que se expresa en todos aquellos palestinos y palestinas jóvenes que bajo tribulaciones diarias insoportables, que duran ya más que la vida entera de muchos de los presentes hoy aquí, asisten a clases a los colegios y a las universidades, confiados en un futuro que solo ven en lo más profundo de sus propios sueños, debido a la ocupación israelí, mientras universidades de todo el mundo desarrollan acuerdos de cooperación con las universidades del ocupante.


Me refiero a la resistencia de aquellas mujeres palestinas que a pesar de la ocupación y de los asesinatos cotidianos de sus hijos y nietos, siguen trayendo hijos al mundo porque confían en que más temprano que tarde, alguien que se mueva por principios y no por intereses decidirá finalmente presionar y aislar a Israel hasta que no se someta a la legalidad y el derecho internacional.


Castigaremos a los palestinos por resistir la ocupación dándole más recursos para muros infames, puntos de control, asentamientos ilegales, balas y bombas a la potencia ocupante.


Yo simplemente les pido que reflexionen una vez más antes de votar y los llamo, hoy más que nunca, a dar una verdadera oportunidad a la paz, enviando la señal correcta al mundo entero, a Israel y a los palestinos, porque me asiste la convicción más absoluta de que la arrogancia y la furia suicida con que Israel trata a los palestinos, esa negativa tajante, incluso a verlos y considerarlos como seres humanos iguales, no conseguirá resultado alguno salvo más sufrimiento y odio.


Por lo mismo, no puede contar con ningún tipo de premio ni apoyo. No puede contar, desde mi respetuosa visión de mundo, ni con reconocimiento activo ni pasivo, directo o indirecto de ningún hombre o mujer, de ningún país, que de verdad desee avanzar hacia una paz justa y duradera.


Por el bien de la humanidad toda los llamo a ir más allá de la resignación y a continuar articulando, desde todas partes el mundo un menaje inequívoco y claro en contra de la injusticia y a favor de la paz y el reconocimiento de los derechos humanos individuales y colectivos de todos y todas, incluidos nosotros... los palestinos.


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2.07.2009

LOS PUEBLOS Y NACIONES SIN ESTADO: PROTAGONISTAS PRINCIPALES DEL FORO SOCIAL MUNDIAL 2009.

Más de veinte organizaciones de naciones y pueblos sin Estado propio de todo el mundo se reunieron este año en el Foro Social Mundial 2009, que se realizó en Belem, Brasil, para visibilizar las realidades de sus pueblos, la situación actual de sus luchas por la autodeterminación y para compartir propuestas de acción con el movimiento alter-mundialización.

La razón de esta importante presencia radica en este año, el Foro estuvo dedicado, de manera especial, al intercambio de experiencias y a la coordinación de todas las luchas por los derechos colectivos de los pueblos y naciones sin estado propio. El objetivo del mismo era analizar las formas de incorporar esta variable de las luchas de emancipación en el mundo a los esfuerzos por construir ese otro mundo posible que el FSM viene ayudando a materializar durante la última década.

Resulta obvio, por cierto, que esta incorporación ha sido producto, principalmente, del cambio de época que se vive en América Latina, en donde la antigua forma de relacionarse con los pueblos indígenas y originarios, fuertemente marcada por el etnocentrismo y el paternalismo, viene siendo reemplazada por el respeto integral de sus derechos humanos, tanto civiles, como políticos, sociales y culturales y por la incorporación de sus cosmovisiones a las formas de enfrentar el quehacer y la forma de resolución de los conflictos entre los distintos actores de la sociedad.


En este marco se dieron a conocer las distintas realidades sociales de la mayoría de los pueblos y naciones que viven en esta situación y que hoy por hoy poseen escasa o nula visibilidad para nuestra sociedad civil, que se ha planteado la necesidad imperiosa de co-construir, desde la diversidad más absoluta, las nuevas estructuras y reglas que deberán dar cuerpo a ese nuevo orden que esta naciendo.

Durante el foro, se evidenció una sintonía plena entre pueblos geográficamente distantes que no tuvieron problema alguno para encontrar las raíces y los protagonistas comunes en la denegación de sus derechos. Esto, fue complementado con una férrea voluntad de aunar esfuerzos para avanzar en el logro del reconocimiento de sus derechos colectivos como pueblos libres y soberanos, con el derecho a la autodeterminación, sin restricciones de ningún tipo, como el protagonista principal de los mismos.

Catalanes, Canarios, Tamiles, Gallegos, Vascos, Chechenios, Turcos, Kurdos, Amazonios, Mapuches, Mayas, Andinos, Saharauis, Tibetanos y por supuesto los Palestinos, venidos de todas partes del mundo, intercambiaron sus experiencias de resistencia y construcción de soberanía; sus opiniones y enfoques de acción para enfrentar la crisis global del capitalismo y de su civilización; sus opiniones acerca de la necesidad de terminar con la política de criminalización de la protesta social y de la resistencia a las ocupaciones extranjeras y con cualquier tipo de discriminación basada en la subordinación de determinadas creencias, géneros, pueblos o naciones, a otros, con objetivos políticos o económicos.

Por último la necesidad de superar la actual forma de organización de la sociedad, superando también al Estado Nacional como su expresión formal y la necesidad de iniciar un camino hacia un mundo basado en el respeto mutuo y el reconocimiento pleno de las identidades locales y regionales.

Proliferaron las mesas de discusión acerca de los desplazados, de los refugiados, del exilio, de la permanencia del colonialismo, de la deuda externa y su relación con el derecho a la autodeterminación.

Resultó imposible evitar las discusiones, en todas las mesas y en todos los paneles acerca de la invasión israelí a Gaza y de la política de exterminio físico y político que el Estado de Israel esta desarrollando como parte de su política histórica de limpieza étnica en Palestina, que cuenta con el apoyo de los EEUU y de Europa. Se realizó, por lo mismo, un llamado concreto a la sociedad civil en todo el mundo a impulsar el Boicot a Israel, tanto en los ámbitos económicos, como militares, académicos y políticos; a la promoción de sanciones desde la comunidad internacional y desde la sociedad civil, hacia el Estado de Israel, reinstalando en el imaginario colectivo de la sociedad actual la relación existente entre sionismo y racismo.

Al mismo tiempo se realizó un reconocimiento especial al campo judío antisionista que en los últimos años ha ido incrementando su presencia e influencia en diversas partes en el mundo y se hizo un llamado a la sociedad civil israelí a apartarse del racismo y a integrarse a la lucha por un mundo sin guerra, con justicia social y pleno respeto a los derechos humanos, tanto colectivos como individuales.

Destacable resultó también la necesidad, compartida por todos, de abordar y revertir los procesos de expoliación, por parte del capita transnacional, de los recursos naturales de los pueblos, por la relación primordial que esta variable posee con la opresión de carácter nacional o extranjera, constituyéndose en la base económica de la misma.

Se insistió en la necesidad de un nuevo orden internacional. En la necesidad de reformar las estructuras de las organizaciones internacionales desde la perspectiva del respeto integro a los derechos colectivos de los pueblos, lo que inevitablemente plantea la necesidad de terminar con el derecho a veto en el consejo de seguridad de naciones unidas y se destacó el tremendo valor que para esta lucha poseen las nuevas constituciones políticas aprobadas mayoritariamente en los hermanos países de Bolivia y Ecuador.




Por último se volvió a relevar la importancia de seguir avanzando en la lucha por el reconocimiento pleno de los derechos de las mujeres; en la necesidad de incorporar, cada vez con más fuerza y determinación, a los jóvenes, hombres y mujeres de nuestros pueblos a la lucha por la emancipación reinstalando la solidaridad y la ternura, como la fortaleza principal de la lucha por el reconocimiento de los derechos colectivos de los pueblos a nivel mundial, con un llamado final a ampliar y fortalecer las redes y la participación permanente y constante en la denuncia de las violaciones a los mismos y en las campañas y boicots tendientes a aislar a los Estados que desprecian el derecho a la vida, los Derechos Humanos y los derechos colectivos de los pueblos.


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FORO SOCIAL MUNDIAL 2009: LA CONSOLIDACIÓN DE LA ESPERANZA.

Más de 100.000 personas de cientos de organizaciones de la sociedad civil y partidos políticos de todo el mundo, se dieron cita en la Marcha inaugural de la versión 2009 del Foro Social Mundial, que se realiza en Belem Brasil.

En un ambiente festivo pero que al mismo tiempo no disimuló la profunda preocupación por el impacto que la crisis mundial del sistema capitalista generará, una vez más, entre los pobres y los desplazados del planeta, se respiraba un sentimiento de gran euforia y alegría popular por el ambiente que se vive en América Latina.

Y no es para menos. Si hace 10 años, cuando el Foro Social Mundial estaba en pañales y daba inicio a los esfuerzos latinoamericanos mancomunados para construir una alternativa, tanto al discurso único surgido después de la caída de los socialismos realmente existentes como a la forma de organización de la sociedad, alguien hubiera imaginado tener como participantes a cinco presidentes de América Latina, todos hubiéramos dicho que era parte del voluntarismo propio de los movimientos sociales y de los partidos tradicionales de la izquierda de nuestro continente, acostumbrados a soñar con un futuro mejor, aunque este aun no fuera siquiera visible y tampoco estuviéramos en condiciones de construirlo.



Ahora bien, si además, alguien hubiera osado imaginar que de esos cinco presidentes, uno sería un indígena, otro un obrero metalúrgico, otro un ex sacerdote partidario de la teología de la liberación, otro un economista graduado en EEUU pero de izquierda y por último un militar latinoamericano, también de izquierda, sin duda todos hubieran estado de acuerdo en que era solo un sueño de algún loco incapaz de leer y reconocer el fin de la historia y la supremacía infinita de los postulados de los defensores del modelo capitalista.

Sin embargo, diez años después, ese sueño impensable se ha hecho realidad y todo indica, al parecer, que América Latina no solo vive una época de cambios, sino más bien un cambio de época.

Así es, el despertar de los pueblos latinoamericanos – no de todos por cierto - y el creciente protagonismo que este ha decidido tomar en el escenario de su propia historia contrasta fuertemente con las décadas anteriores caracterizadas por la existencia de dictaduras militares o gobiernos de transición impotentes que fueron cooptados por los defensores del modelo negándose incluso a dar la discusión sobre las alternativas posibles.

Gracias a ello comienzan a quedar en el pasado los años en donde las superestructuras de dominación mundial utilizaban nuestro continente como el laboratorio privilegiado para el diseño y la implementación de las políticas neoliberales que se convertirían en símbolo del deber ser de las políticas de Estado en las décadas de los 80s y los 90s.

Hoy, la subordinación de la naturaleza y el medio ambiente a los intereses económicos de unos pocos esta siendo reemplazada por una visión integradora y sustentable del desarrollo de nuestros pueblos. Hoy la discriminación en contra de los pueblos originarios está dando paso a la construcción de Estados plurinacionales con reconocimiento, respeto y espacio para el desarrollo de las distintas cosmogonías que conviven en nuestros territorios.

Hoy la apertura unilateral a los mercados mundiales es reemplazada por la integración latinoamericana y el privilegio de un intercambio justo entre las naciones. Las privatizaciones que encarecieron los servicios básicos enriqueciendo a pequeños grupos o a grandes transnacionales y empobreciendo a millones de seres humanos dan paso a la nacionalización de los recursos naturales de los países elevando los mismo al nivel de derechos constitucionales.

Hoy la destrucción del estado de bienestar y el fortalecimiento del Estado como instrumento de dominación de clase mediante la desvinculación del mismo de las demandas sociales están siendo reemplazadas por democracias basadas en una participación temprana, vinculante y protagónica y salvo en países como Chile, Perú y Colombia, la criminalización de la protesta social da paso al respeto a todos los derechos humanos y principalmente al de libertad de asociación, información y a la libre expresión.

Por último, la absoluta libertad al movimiento de capitales y la extensión a todas las áreas de la vida cotidiana de las leyes, todopoderosas y eternas, del libre mercado comienzan a dar paso a la libertad plena de todas las personas y a la subordinación del mercado a la discusión acerca de la felicidad humana y el respeto a los derechos fundamentales de todos y todas.

Afortunadamente, todas estas ideas que fueron impuestas por la fuerza de las dictaduras militares implantadas por EEUU en toda América latina, generando un aumento significativo de la brecha entre ricos y pobres, instalando la exclusión social y la segregación en nuestras sociedades y promoviendo una descapitalización de nuestros países que avanzó de la mano con la destrucción de nuestro medio ambiente y de los servicios ambientales que de este derivaba, han comenzado ha quedar en el pasado.

Al mismo tiempo y sin mirar atrás, ni con temor ni con nostalgia, una parte cada vez más importante de nuestra América Latina se encamina a pasos agigantados hacia la construcción de ese otro mundo posible, que hoy tiene forma de Socialismo del Siglo XXI y que en virtud de esta nueva crisis del capitalismo se hace además, necesario y urgente.


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1.23.2009

LA MUERTE DE FREI: ASESINATO O SUICIDIO.

Cada vez que se recuerda un aniversario más de la muerte de frei Padre se me viene a la memoria lo caro le costó haberse puesto al servicio de los gringos para impedir el triunfo de Allende y luego para desestabilizar su gobierno. Él fue uno de los que, junto a la derecha de siempre, le dio la venia a los militares para efectuar el golpe y ponerse a matar chilenos y terminó, él mismo, siendo asesinado.
Después de 27 años, los chilenos hemos logrado tener la certeza de algo que muchos sospechábamos desde hace algunos años. Uno de los presidentes de Chile, Eduardo Frei Montalva, sufrió el mismo destino que muchos de los opositores a la dictadura de Pinochet. Fue asesinado por instrucciones de los altos mandos de la época, seguramente para impedir que volviera a jugar algún importante rol en la política chilena, como lo había hecho hasta después del Golpe de Estado en nuestro país, cuando se dispuso a viajar por todo el planeta explicvando las bondades del golpe de estado y defendiendo la legitimidad del mismo.

Ahora bien, la certeza acerca del asesinato de frei no cambiará la percepción que de la dictadura tuvimos sus enemigos de siempre, pero resulta esperable que, al menos, cambie la la percepción de muchos que incluso la apoyaron activa y pasivamente. Sobretodo de aquellos democratacristianos que festejaron con champagne, igual que la derecha dura, la noche del 11 de Septiembre del 73, que seguramente, en estos momentos en que se alza la candidatura de frei hijo, nuevamente, rasgarán vestiduras y querrán vestir a Frei padre de una estatura moral que los ayude a superar el pésimo momento por el que atraviesa la coalición de gobierno y en especial el PDC.
Otros, tratarán de apropiarse personalmente de su “obra” para proyectarse en el Chile de hoy como depositarios de su “legado”, eso si, que mirando un poco más hacia la derecha de lo que aparece hoy la DC, en una alianza que algunos ingenuos y nostálgicos pretenden describir como de centro izquierda.

Claro está, al menos para quienes seguimos comprometidos con la superación del capitalismo como forma de organización social, que el hecho de habernos enterado hoy de lo que sucedió finalmente con Frei padre, no lo puede convertir en un mártir y mucho menos en un héroe de la democracia y el respeto a los derechos humanos en Chile.

Nada debe hacernos olvidar como la DC, bajo su liderazgo, se alió con una potencia extranjera y recibió fondos para intervenir electoralmente las elecciones chilenas e impedir el triunfo de una de las opciones que legítimamente aspiraba a imponerse por la vía democrática en nuestro país, instalando a la DC como instrumento de una de las más macabras intervenciones extranjeras en asuntos internos de los chilenos. Tampoco debemos olvidar que luego del triunfo de Salvador Allende, la DC siguió recibiendo dineros del extranjero, esta vez para desestabilizar al gobierno democráticamente electo. En ese minuto la DC había olvidado, esperamos que temporalmente, que los demócratas de verdad sólo aceptan el voto castigo como herramienta para sacar a los gobiernos que no les agradan.

Tampoco debemos olvidar la complicidad y el silencio vergonzoso que muchos DC, entre ellos el ex presidente, mantuvieron con respecto a la felonía y a la traición desatada en Chile antes, durante y después del golpe de estado, con la secreta esperanza de que los militares, luego de limpiar la patria de marxistas, llegaran a devolverle a los civiles, y especialmente a Frei padre, las riendas del Chile en el que habían aceptado destruir la democracia, para impedir los cambios que el gobierno de la Unidad Popular pretendía y que hoy comienzan a instalarse como mínimo común denominador de la gran patria latinoamericana.


Hoy, cuando la DC comienza a mirar con disimulo hacia la izquierda para intentar volver a ser gobierno en Chile, a contarrio sensu de la tendencia de la Internacional Demócrata Cristiana, que mira a la derecha y se ufana por terminar de cualquier forma con gobiernos de izquierda legitimamente elegidos, como es el caso de Venezuela; y aún cuando muchos quieran reescribir la historia del rol que Frei padre jugó en la época para intentar, una vez más, lavar la conciencia de la mayoría de los Democratacristianos de la época, resulta útil refrescar la memoria de la sociedad civil y esperar que la DC se haya convencido, por su propia y amarga experiencia, de que los golpes de estado nunca son un buen remedio para ninguna circunstancia.
De no ser así, habida cuenta de que la derecha no ha cambiado en lo más mínimo, hay que empezar a preocuparse por lo que la DC pueda y este dispuesta a hacer en el futuro por volver a ser gobierno en este país. No vayan precisamente a seguir las enseñanzas de Frei padre y terminen disparándose en sus propios pies.


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12.27.2008

NUEVA MASACRE EN GAZA. DECLARACIÓN DE LA FEDERACIÓN PALESTINA DE CHILE.


Cuando el mundo entero mira, una vez más, de forma pasiva y cómplice, como el estado de Israel está desarrollando una nueva masacre en Gaza, violando el derecho internacional y humanitario; y desarrollando una nueva faceta de su histórica y permanente política de exterminio físico y político del pueblo palestino, los chilenos de origen palestino, indignados por tanta injusticia y cansados de tanta hipocresía mundial, venimos a declarar públicamente lo siguiente:


Considerando:

· Que la causa de toda la violencia en medio oriente es la ocupación israelí de los territorios palestinos.
· Que dicha ocupación lleva más de 40 años sin que la comunidad internacional haya jamás desarrollado acciones concretas para aislar de la misma a la potencia ocupante.
· Que durante dicha ocupación se han violado sistemática y permanentemente todos y cada uno de los derechos humanos de los palestinos, el derecho internacional, el derecho humanitario y los valores universales que occidente dice defender.
· Que el resultado de la actual ofensiva ya suma más de 150 palestinos muertos, incluidos niños y ancianos, cientos de heridos y toda la infraestructura de seguridad publica, salud y comunicaciones, destruidas, además de los edificios y casas civiles dañadas.

Declaramos:

1. Condenamos enérgicamente estos nuevos crímenes contra la humanidad que Israel, una vez más, lleva a cabo en la más completa impunidad. Estas acciones son solamente comparables con los crímenes de lesa humanidad, que otrora cometiera el ejercito nazi y las fuerzas de orden y seguridad del Apartheid Sudafricano contra civiles inocentes en diversas partes del mundo.
2. Deploramos los ataques indiscriminados a civiles inocentes, así como los castigos colectivos aplicados por Israel en contra de la población civil, como la destrucción de casas y edificios, así como de toda la infraestructura básica de sustento de la población civil.
3. Demandamos a la comunidad internacional presionar a Israel para detener las acciones militares y poner fin al cerco israelí a Gaza que se mantiene ya por más de un año, sometiendo a la población civil a una crisis humanitaria de proporciones jamás antes vista y que es la causa primera de la situación actual en Gaza.
4. Llamamos a los hombres y mujeres de buena voluntad, a los partidos políticos, a las organizaciones de masas y, en especial a los judíos antisionistas del mundo, a romper el silencio y denunciar en todas partes esta nueva masacre, dando a conocer el desprecio de Israel por los derechos humanos y el derecho internacional y a desarrollar acciones concretas de solidaridad con el pueblo palestino y de rechazo a la política de exterminio israelí.
5. Llamamos también a los países del mundo, a abandonar su silencio cómplice, a poner término a la cooperación con la potencia ocupante y a desarrollar acciones concretas para detener a Israel y aislarlo de la comunidad internacional hasta que no someta sus actuaciones al derecho internacional y humanitario y observe adecuadamente el respeto a los derechos humanos en Palestina Ocupada.
6. Llamamos por último, a nuestra presidenta, Dra. Michelle Bachelet, a revisar el estado actual de las relaciones diplomáticas entre Chile y el estado de Israel, ya que consideramos que nuestro país, sobretodo en atención a su historia reciente, no puede avalar, mediante el reconocimiento internacional ni mediante el desarrollo de relaciones diplomáticas, a potencias ocupantes que han mostrado, durante toda su existencia, un total desprecio por el derecho internacional y por los derechos humanos.


FEDERACIÓN PALESTINA DE CHILE
Santiago, 27 de Diciembre de 2008


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12.17.2008

Palestina Ocupada: Entre La Esquizofrenia Colectiva y la Desesperanza Aprendida.

Este es el año de los cumpleaños notables. Se cumplen 60 años del nacimiento de la potencia que hasta el día de hoy y desde su mismo nacimiento ocupa Palestina. Se cumplen 60 años también, el 10 de diciembre recién pasado, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que pretendió sentar un consenso universal acerca de los valores que la humanidad toda debía resguardar y promover.

Se cumplen, consecuentemente, 60 años de violaciones sistemáticas y permanentes a todos y cada uno de los derechos humanos contenidos en dicha declaración por parte del Estado de Israel y la única conclusión que podemos sacar es que pareciera que para gran parte de la humanidad y principalmente de los líderes mundiales, los palestinos no somos seres humanos, pues parece que no calificamos para ser considerados como sujetos poseedores de esos derechos fundamentales. No somos los únicos ignorados, pero somos quizá quienes con más argumentos disputamos el titulo de pueblo símbolo del desprecio universal por nuestros derechos.


Hoy se nos ha invitado a venir acá y exponer acerca de la situación actual de los territorios palestinos ocupados y lo más obvio sería tal vez, caer en el lugar común de contar víctimas. Recuerdo haber participado en un foro similar a este en 1990 en Buenos Aires y, desde ese entonces, poco o nada ha cambiado y si hubiera que ser riguroso, todo ha ido peor para los palestinos. Aun guardo los innumerables documentos, acuerdos y declaraciones de aquel encuentro. Hoy los estuve revisando y siento que para lo único que sirvieron, todos estos años, fue para que yo tuviera la oportunidad de revisarlos hoy y darme cuenta de lo poco o nada que hemos conseguido.

Así es. Lo más obvio sería caer en la tentación casi irresistible de enumerar una a una las violaciones, por parte del Estado de Israel, a todos y cada uno de los derechos humanos con los que todo el mundo se llena la boca pero que nadie es capaz de defender en Palestina ocupada.

Podríamos contar, por ejemplo, cuantos palestinos han muerto desde la implantación en palestina del Estado de Israel. Cuantos han sido detenidos, simplemente por ejercer uno de los derechos fundamentales de todo ser humano que es resistir las injusticias. Podríamos contar cuántos palestinos han sido torturados y vejados sexualmente por los y las soldados israelíes. Cuántos han sido enterrados vivos bajos sus casas demolidas por los buldózer israelíes. Podríamos incluir también los datos menos vistosos y pintorescos como la cantidad de niños que no han podido recibir educación, ni salud en su propia tierra porque esta ocupada por una potencia extranjera que se ha dedicado por más de 60 años a administrar el sufrimiento propio y ajeno para conseguir sus objetivos políticos y económicos.

Para hacerlo más fácil podríamos acortar el periodo de las estadísticas y podríamos decidir tomar en cuenta, solamente, las cifras concernientes solamente a los territorios ocupados con posterioridad a 1967, dejando en la impunidad a los criminales de guerra que actuaron en la política de tabla rasa que se busco imponer en los territorios palestinos ocupados desde 1948 para hacer justicia a la mentira original que rezaba “un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo” y borrar así, de la memoria histórica, una verdad, a todas luces, imborrable: que Palestina es y sigue siendo.

Para intentar hacerlo aun menos dramático con el objeto de no centrarnos en el sentimiento de culpa que muchos debieran sentir y que pretenden salvar con su participación en encuentros de esta naturaleza, podríamos solamente contar los asesinados, los torturados, los encarcelados y los secuestrados en los 15 años que lleva el mal llamado proceso de paz que comenzó en Oslo cuando se le impuso a los palestinos el camino israelí para una paz que no sería ni justa ni duradera y que al cabo de 15 años tampoco ha sido alcanzada, mientras los israelíes se mantienen fieles a su proyecto original de seguir cambiando el status quo de los territorios ocupados, alimentando la frustración y la desesperanza, para luego justificar, en la inevitable radicalización de los desesperados, la continuación de su política de exterminio físico y político del pueblo palestino.

Para tratar de llegar a un consenso honroso podríamos, solamente, considerar las violaciones a los derechos humanos que Israel ha cometido durante el mal llamado proceso de paz de Anápolis, que prometió a todos que tendríamos un acuerdo de paz antes del termino del mandato del actual presidente de EEUU, el Sr. George W. Bush. Vaya otro plazo que ha pasado a la historia y lo único que no logra pasar a la historia son las violaciones a los derechos humanos de los palestinos en su propia tierra.

Podríamos contar solo las victimas de los últimos meses y compararlas con las víctimas israelíes de los deplorables actos de terrorismo y de los legítimos y heroicos actos de resistencia que algunos palestinos desesperados realizan, con el objeto de establecer, como le gusta a Israel, a sus cómplices y aliados, una especie de empate entre victimas y victimarios y poder defender así, la inacción y la impotencia de la comunidad internacional, en la supuesta complejidad de la Cuestión de Palestina que impide tomar acciones concretas mientras… no haya un “compromiso de las partes” de abandonar por lado y lado la violencia y el terrorismo.

Contar víctimas a estas alturas no es ya ningún aporte. No es lo que pretendo hacer hoy ante ustedes. Hoy quiero hablarles de una faceta distinta de la situación que se vive, en estos días, en Palestina Ocupada. Tampoco me refiero al muro ilegal que está levantando el Estado de Israel en los territorios ocupados y que busca convertir a palestina en un gran Gueto. Tampoco me refiero a la continuidad infame, por parte de Israel, de la política de construcción de asentamientos ilegales, en Palestina ocupada, que tantas veces se ha comprometido a detener.

Hoy quiero hablarles de dos sentimientos que son los que en realidad ahogan a Palestina.

Hoy quiero hablarles de dos rasgos culturales que se han ido anidando en los pueblos israelí y palestino hasta formar parte de su ADN y cuyo impacto son mucho mayores que todo el sufrimiento acumulado en estos 60 años de ocupación israelí, en los cuales el desprecio por la vida, por el derecho internacional y por los derechos humanos se han convertido en el sello distintivo de este excepcional miembro de la comunidad internacional que sigue siendo considerado como un miembro respetable de lo que llamamos nuestra comunidad .internacional a pesar de sus 60 años de desprecio constante por las instituciones y los acuerdos esa misma comunidad internacional.

Hoy quiero hablarles, por una parte, de la esquizofrenia colectiva que sufren los israelíes y que encuentra eco en gran parte de los gobiernos de las potencias mundiales y en la comunidad internacional.

Este enfermedad social que pareciera no tener precedentes en la historia de la humanidad ha generado una sociedad que, perteneciendo a un país que posee el triste record de ser uno de los países más condenados en el mundo por sus constantes violaciones a todos y cada uno de los derechos humanos y contando además con un ejército considerado entre los más avanzados del mundo, incluido su arsenal de armas de destrucción masiva y especialmente su no despreciable arsenal de bombas atómicas, se sienten amenazados por un conjunto de palos y piedras que obran en manos de sus victimas complementados por un par de cohetes y bombas cuyo alcance y efectividad generan más excusas que destrucción en los destinatarios de los mismos.

Parece increíble pero es cierto. A pesar de toda la destrucción y de los crímenes y del terrorismo de Estado que Israel viene cometiendo… son los israelíes los que se sienten victimas de un conflicto en el cual son ellos los únicos victimarios.

Esta alteración de la realidad no es un hecho espontáneo. Es consecuencia de una política comunicacional a escala mundial, con la cual ha sido contagiada también la comunidad internacional.

Por el otro lado, nos encontramos con la desesperanza aprendida que cunde entre los palestinos. Nos encontramos con ese sentimiento que surge como mínimo común denominador del pensamiento de una sociedad, cuando ella misma ha vivido o vive bajo la lógica de delitos permanentes en su contra, en situación, también permanente, de impunidad para los criminales.

Este sentimiento que nace de experiencias traumáticas e injustas, carencias o falta de reconocimiento a los derechos más básicos y a las pretensiones de validez del ser palestino; este sentimiento que nace de estos hechos frente a los cuales el pueblo palestino no ha podido, ni puede, ni podrá defenderse adecuadamente, lleva a desarrollar un estilo de pensamiento en el que la victima se convence a sí mismo de que todo abuso que pueda experimentar en el futuro será inevitable y estará fuera de su control y que sin embargo, ante los ojos del mundo, seguiremos apareciendo en virtud de esta enfermedad colectiva existente en el otro lado, como los terroristas y los responsables, en última instancia de nuestra propia suerte, como un Karma del cual nos resulta imposible escapar.

Ante esta realidad inexplicable, sólo nos queda resignarnos y aceptar la situación.

Este estilo de pensamiento mueve a dicha sociedad a pensar que sus acciones no tienen ni podrán tener efecto alguno (o no, al menos, positivo) sobre el sufrimiento que le rodea. Los lleva a pensar que han perdido el control sobre las situaciones y que no existe salida alguna a su sufrimiento. Ante esta realidad; ante la insoportable evidencia de que vivir dignamente se ha convertido en una utopía, para muchos, el único camino posible, por lamentable y dramático que nos parezca, es morir con dignidad.

Aparecen, entonces, los sentimientos de inseguridad, de pesimismo y de desesperanza, y la sociedad se vuelve triste y pasiva. Deja de creer y de crear. Deja de soñar y de aspirar. En síntesis, vive en una muerte anticipada. Se pierde la confianza en el medio, en la espacie y en las normas y el derecho que parecen funcionar para todos… menos para nosotros.

Esta es la situación más alarmante que se vive en palestina ocupada ahogada entre la esquizofrenia colectiva de unos y la desesperanza aprendida de los otros. Los israelíes siguen creyendo, ayudados por la comunidad internacional, que no pierde ocasión de colaborar con ellos y reforzar su vocación de mártires, que son las victimas históricas de una persecución perenne, como si los palestinos fuéramos descendientes de los europeos que generaron el holocausto. Los palestinos, por su parte, ya no le creen a nadie mientras proliferan en el mundo entero, leyes que penalizan el antisemitismo que incluye, en su versión contemporánea, toda crítica al Estado de Israel y a su política de exterminio físico y político de nuestro pueblo.

No le creen el mudo árabe ni a sus grandilocuentes discursos que poco tienen que anidiarle a los Gamal Abdel Nasser, ya que teniendo un arma económica tan letal como el petróleo, jamás ha hecho nada por presionar de manera importante a las potencias occidentales y que, sin embargo, está siempre listo a reprimir todo intento de los palestinos, que viven bajo su soberanía, de organizarse y luchar, desde su lugar, por la libertad de su patria.

Tampoco creen en los israelíes que han jugado al doble estándar permanentemente y que hablan de paz cuando viven planificando y pensando la guerra, para ganar tiempo y apostar en el largo plazo al olvido y a la resignación, mientras mantienen a su propia sociedad y a la comunidad internacional, prisionera de esta enfermedad colectiva que a pesar de todas las evidencias irrefutables; a pesar de las miles de resoluciones condenatorias; a pesar del desprecio constante por el derecho internacional y por los derechos humanos, sigue mirando a Israel como la proyección natural de las victimas del holocausto nazi y teme decir las cosas por su nombre y avanzar hacia acciones concretas que presionen de verdad a la potencia ocupante a cumplir la ley y el derecho internacional.

He quedado verdaderamente sorprendido de las generosas propuestas que he escuchado, por parte de uno de los ponentes aquí presentes, para optimizar los tiempos de desplazamientos de nuestros compradores, vendedores y productos, pero me hubiera gustado mucho más escuchar que Israel esta dispuesta, alguna vez, a terminar con el estupendo negocio que representa la ocupación, de lo que nos hemos podido percatar en la misma ponencia antes descrita. Me ha parecido más una propuesta para convertir la ocupación en un negocio sostenible aunque no sustentable.

Tampoco creemos ya en la comunidad internacional que, en el caso de otras ocupaciones mucho más cortas que la israelí, ha sido capaz de movilizar al ejército más grande que la historia haya conocido, incluso con la participación de algunos gobiernos árabes, que aun no conocen la democracia ni la libertad, para derrotar a quienes se atreven a desafiar sus intereses y los de sus aliados.

Esta esquizofrenia colectiva, esparcida por toda la tierra, inhibe al mundo entero de reconocer este nuevo crimen de lesa humanidad del cual el Estado de Israel es el único culpable de forma ininterrumpida por los últimos 60 años.

Esta esquizofrenia colectiva impide al mundo tomar acciones contra un estado paria que si tuviera cualquier otro nombre ya habría sido arrasado en nombre de la libertad y el modo de vivir occidental.

Esta esquizofrenia colectiva ha convertido a los gobiernos de la Unión Europea y principalmente de los Estados Unidos, y de una u otra manera, también a los pueblos, en verdaderos cómplices por encubrimiento y omisión de las mayores, más extendidas y dramáticas violaciones a los derechos humanos que la historia contemporánea haya conocido.

Los palestinos ya no les creemos… tampoco a ustedes, elaborando, en este foro, discursos políticamente correctos y algunos no tanto… y lo digo con todo respeto.

Ya no esperamos nada de vosotros más que un par de declaraciones al año, para salvar las buenas conciencias de quienes miran, de manera inmóvil, como los derechos humanos de los palestinos siguen siendo pisoteados sistemáticamente por los israelíes.

Incluso Chile, mi país, que discursivamente siempre apoya y reconoce los derechos palestinos, a la hora de las acciones concretas no es capaz de actuar en consecuencia. En los últimos días, incluso, se ha dado el lujo de nombrar un cónsul chileno ante el gobierno israelí con residencia en Jerusalén Oriental reconociendo de hecho la soberanía Israelí sobre nuestra tierra y enviando misiones de alto nivel a estrechar las manos de las autoridades y las relaciones con la potencia ocupante.

Ya no les creemos y lo digo con respeto, pero con impotencia y con dolor.

Yo no creo en el fundamentalismo sionista que plantea la tierra prometida como excusa para el exterminio físico y político del pueblo palestino. Tampoco creo en el fundamentalismo cristiano enseña que bienaventurados son los pobres, los que sufren y los que tienen hambre y sed de justicia, ni mucho menos en el compromiso occidental de recompensarlos después de muertos, como una forma de seguir legitimando la avaricia y la pobreza. Tampoco, por supuesto, creo en el fundamentalismo islámico que plantea que una guerra pueda ser santa, incluyendo actos de terrorismo injustificables, si se realiza para luchar contra la infamia y la hipocresía mundial.

Todos estos discursos religiosos son un conjunto de mentiras notables que conllevan una carga ideológica que pretende mantener todo como está, centrando la discusión en asuntos supuestamente religiosos que nos deparan, sin duda alguna, otros 5000 años de espera sin poder arribar a ninguna solución.

De hecho cuando hablamos de paz palestino israelí es como asumir la existencia de una guerra y lo que estamos abordando no es una guerra. Es una ocupación militar. Lo que necesitamos no es la paz. Es el término de la ocupación.

Y todo indica que mientras sigamos actuando de la misma manera como lo hemos venido haciendo en estos últimos 15 o 30 años, incluso en este tipo de foros, seguiremos obteniendo los mismos resultados.

De hecho, esta es una reunión de Naciones Unidas en apoyo a la paz Israelo-Palestina y no veo a ningún representante oficial de Israel en esta asamblea. Será porque no se sienten parte de una guerra o porque no desean abandonar el tremendo negocio que para ellos significa la ocupación. En la sala no veo enemigos ni adversarios y la paz se firma entre enemigos o adversarios.

Mientras sigamos elaborando maravillosos discursos y no seamos capaces de decir las cosas por su nombre y de tomar acciones concretas para aislar a la potencia extranjera que se ha salido, por propia voluntad, de la comunidad internacional, por el solo desprecio que ha mostrado ante sus propias normas, seguiremos obteniendo los mismos resultados.

Mientras no seamos capaces de cambiar significativamente nuestros programas de acción y no logremos convertir, de verdad, a los derechos humanos en valores sin fronteras, seguiremos teniendo los mismos resultados.

Hoy tenemos que ser aun más radicales y asumir el reto sin precedentes de mirarnos entre iguales. Sin promesas divinas, sin bienaventuranzas ni recompensas para el sacrificio y el sufrimiento.

Hoy estamos llamados a reconocer por primera vez en la historia que todos los derechos que reconocemos como inalienables para nosotros mismos deben ser extendidos a todos los pueblos de la tierra incluyendo también, como no, a los palestinos, que ya no creemos en nada y que no esperamos nada de vosotros, pero que estamos decididos a seguir luchando por dejar de ser considerados como ciudadanos universales de segunda o tercera clase.

Muchas Gracias.


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8.24.2008

La Juventud Chilena, la Exclusión y el Sistema Electoral.

Como en todas partes y en casi todas las actividades humanas, muchas veces lo urgente nos impide atender lo importante. Lo digo porque, una vez más, una de las discusiones más relevantes para poder avanzar, en esta mal llamada transición a la democracia, ha pasado completamente desapercibida para la mayoría de la población mientras asistimos a una serie de dimes y diretes entre gobierno y oposición de derecha por el subsidio al Transantiago, por la corrupción que ha desbordado a ambas coaliciones por todos lados y por la ya evidente crisis que ambas coaliciones enfrentan de cara a las elecciones generales del próximo año.

Entre toda esa cantidad de información que llega a ofuscar la visión, resulta casi imposible atender a cosas importantes que, por lo mismo, no ocupan ni portadas de diarios ni aquellos espacios reservados casi exclusivamente para la farapolítica (Politica de farándula). Es tan así, que muy pocos repararon en el hecho de que nuevamente fue rechazada la ley que permitía la inscripción automática y el voto voluntario de todos los ciudadanos chilenos mayores de 18 años de nuestro país.

Se ha logrado de esa manera, con los votos, fundamentalmente de la derecha y de algunos notables de la concertación, dejar el padrón electoral tal como quieren y como más sirve a aquellos quienes desean que nada sustancial cambie, para que puedan ellos, seguir riéndose de todo Chile con sus leyes hechas solo para ellos y sus amigos y redes de poder.

Se ha logrado una vez más, con los mismos votos que bajaron la responsabilidad penal juvenil a los 14 años, permitiendo que nuestros jóvenes paguen con cárcel los errores a los que llegan, en esta sociedad que ni siquiera se hace cargo de su desarrollo, dejar fuera de la toma de decisiones a miles de jóvenes que tiene opinión y que no precisamente es a favor del sistema vigente. Sería útil que explicaran los mismos parlamenarios, por qué si consideran suficientemente conscientes y responsables a nuestros jóvenes, como para pagar sus faltas con cárcel, no lo son para elegir a las autoridades. Resulta tan obvio que por obvio, nadie repara en ello.


Ahora bien, detrás de todos los argumentos hipócritas que se esgrimen para impedir que los jóvenes ingresen de manera masiva a las contiendas electorales en nuestro país, se esconde, sin duda, un temor profundo a la democracia. Ese mismo temor que ha llevado a la derecha a no modificar el sistema electoral binominal manteniendo la exclusión de grandes sectores de Chilenos que son contrarios al modelo; ese mismo temor que los lleva a negarse tajantemente a aceptar la posibilidad de realizar plebiscitos de carácter vinculante para decidir materias de interés nacional. El mismo temor, en definitiva, que los lleva a negarle el derecho a voto a los chilenos que viven aun en el exterior producto del exilio forzado al que fueron sometidos sus padres por la dictadura con la cual la derecha logró implantar el sistema económico que rige hasta hoy en nuestro país.



Ese temor, en todo caso, encuentra su justificación en la certeza absoluta que ellos mismos tienen acerca del rechazo que la mayoría de la ciudadanía siente para con el modelo que implantaron a sangre y fuego mediante la dictadura militar. De la misma manera, tienen la certeza del rechazo que generan muchas de las leyes que emanan de ese parlamento ilegítimo y antidemocrático, que no representa el sentir de la nación a la que se le ha conculcado, de la manera más elegante, su derecho a la autodeterminación.



Tienen la certeza de que si dejaran participar de manera abierta y vinculante a esa tremenda masa de chilenos representada por los jóvenes, los hijos del exilio, los representantes de los trabajadores y los que no creen en el modelo, no podrían, de ninguna manera, salvo mediante la realización de otro golpe de estado, detener los cambios que nuestra sociedad desea realizar y que día a día se van expresando con mayor fuerza y radicalidad en las calles de nuestras ciudades. Lamentablemente, ese temor se ve perfectamente complementado por una aversión total a la política por parte de los mismos jóvenes, que repiten, tal como lo decía Pinochet en sus mejores tiempos, que todos los políticos son iguales, que no existe nadie confiable y que si el voto sirviera para algo ya lo habrían prohibido.

Ellos, los mismos que cuando una ley que les afecta directamente llega al parlamento, salen a las calles a realizar protestas legítimas y a manifestarse en contra de dicha ley, prefieren no participar de las elecciones en que se eligen a los que hacen las leyes.


El gobierno hace lo suyo e intenta criminalizar de manera burda a los manifestantes que mientras sigue actuando y generando leyes a espaldas de la gente, para que luego estas sean aprobadas por los parlamentarios que, más que actuar como representantes de la gente ante el gobierno, actúan como representantes del gobierno ante sus electores, recibiendo órdenes de partido o del gobierno según sea el caso.


Lamentablemente, ese temor de la derecha, se complementa de manera perfecta con la actitud de aquellos jóvenes que no logran visualizar o que simplemente no comparten el hecho de que tan importante y legítimo como sus marchas y manifestaciones, para intentar detener las leyes que el gobierno trata de aprobar de espaldas a la ciudadanía, sería intentar definir quienes deben discutir y aprobar las mismas.


Lamentablemente, no han reparado aún que si los jóvenes participaran y fueran protagonistas del devenir nacional ocupando todas las formas legales de lucha, podrían definir cualquier elección. Es más, si se organizaran y conformaran un “partido de los jóvenes”, podrían elegir al próximo gobierno de Chile o al menos obligar a construir alianzas de gobierno a aquellos que quisieran hacerse del poder instalando sus intereses y necesidades en los programas de gobierno de manera tal que sus expectativas fueran consideradas de verdad.


Por dar solo un ejemplo de lo que la auto inhibición de los jóvenes de part5icipar en política, fomentada por los defensores del modelo, implica para la toma de decisiones, permítanme mencionar el caso de la comuna en donde soy candidato a Alcalde por el pacto Juntos Podemos Más; La comuna de Recoleta.


En ella, la población entre 18 y 34 años, todos nacidos y criados después del golpe de estado, representa casi el 30 % de la población comunal. Sin embargo su participación en el padrón electoral esta reducida a solo un 13,4 % mientras los mayores de 35 años, que representan solo el 45 % de la población comunal, representan nada más ni nada menos que el 87% del padrón electoral.


Así las cosas, los defensores del modelo se sienten felices de la poca participación de los jóvenes en la política y lamentablemente, mientras este escenario se mantenga y la juventud se siga restando de sus atribuciones esenciales y de sus derechos ciudadanos, seguirá siendo tratada, por los defensores y por los administradores del modelo, como una enfermedad que se pasa con los años y seguirán los jóvenes siendo los hermanos pobres de las políticas de estado, como lo son los mapuches, las personas con discapacidad, las minorías sexuales y otros géneros sociales de menor envergadura, con la única diferencia que los jóvenes, muy a pesar de los defensores del sistema, no son una minoría.


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3.28.2008

UNA BUENA NOTICIA...

Estimados Amigos, Compañeros y Hermanos:

Tengo el agrado de invitarlos a seguir reflexionando acreca del mund que nos toca vivir en mi nueva página que espero sea una aporte para construir el mundo que, desde la izquierda, queremos formar.

En este nuevo espacio podrán seguirleyendo y y discutiendo mis artículos. Podrán además escuchar mis programas de Radio Nuevo Mundo y ver algunos de los debates en que participé en el Termometro. Y si no puedes leer o te encuentras demasiado ocupado para hacerlo,.. te invito a escuchar los artículos gracias a los avances tecnológicos y a la ayuda y compromiso siempre presente de mi compañero resma, a quien agradezco, el salto adelante que me ha obligado a dar.

Seguimos en contacto.

www.danieljadue.cl


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3.18.2008

LOS DESAFÍOS DE LA IZQUIERDA CHILENA


Una buena noticia ha sorprendido esta semana a todos quienes nos consideramos de izquierda y estamos comprometidos con trabajar por la unidad de la misma para ser una alternativa real al sistema político y económico vigente en nuestro país.

Luego de tres años de casi nula comunicación y de campañas mutuas de desprestigio y acusaciones de traición entre direcciones políticas y militantes de base entre las que eran fuerzas principales de la izquierda, nos hemos enterado, por los medios de comunicación, de nuevas conversaciones entre el Partido Comunista, el Partido Humanistas y la Izquierda Cristiana para relanzar el pacto que tan buenos dividendos diera en las elecciones de concejales y alcaldes del año 2004 y en las legislativas del año 2005.

Atrás comienzan a quedar esos días en que pensar distinto, dentro del pacto, era penado con el estigma de traidor o de vendido. Atrás quedan esos días en que unos y otros se sentían dueños de la decisión política del pacto y trataban, por todos los medios disponibles, de imponer a los otros su visión de la realidad y su camino. Atrás queda aquel tiempo en que, en vez de aprovechar nuestras legítimas diferencias para ampliar nuestra base de sustentación y constituirnos en fiel reflejo de la sociedad que decimos querer construir, optamos por intentar eliminarlas al punto de aniquilar políticamente a quienes pensaran distinto.
Afortunadamente la dinámica de la realidad política impone decisiones que la falta de madurez política hace imposible.


Ante la necesidad de enfrentar, de nuevo de manera unitaria, los desafíos electorales que se avecinan, los líderes de los partidos han decidido dejar en el pasado sus diferencias tácticas para una vez más centrarse en la estrategia de consolidación de todo y de cualquier avance que como izquierda podamos lograr, para hacer saltar los candados de la exclusión y evitar así la profundización del modelo que otro gobierno de la Concertación o uno nuevo de la Derecha, mediante la aun vigente política de los acuerdos y de los consensos, han ofrecido y seguirán ofreciendo a nuestro pueblo como única solución a los problemas que, incluso en años de vacas gordas, continúan aquejando a las grandes mayorías de chilenos.

Lamentablemente no todo podrá quedar en el pasado. Nada borrara el tiempo perdido, las confianzas destruidas, las amistades empeñadas y la pérdida de credibilidad e inserción en la base social.

Nada podrá borrar el vacío que tres años de inmovilidad sustancia de la izquierda como unidad, ha dejado la torpeza de nuestras decisiones en caliente, a pesar de haber tenido años en donde la concertación y la derecha no pedieron oportunidad de equivocarse y de regalarnos oportunidades valiosas para acometer contra su modelo y avanzar como un todo en la construcción de la tan necesaria alternativa de izquierda.

Lamentablemente, las decisiones que hoy estamos, una vez más, obligados a tomar para no desaparecer de la escena política, no aseguran que las actitudes que nos llevaron a cometer los errores mencionados desaparezcan.

Nada nos asegura, por ejemplo, que algunos militantes no quieran seguir operando, a pesar de las declaraciones y de las orientaciones de nuestros líderes y dirigentes, como dueños de las estructuras partidarias, jugando a excluir y a restar a quienes piensan distinto, por temor a la gente y por temor a que sumar les signifique perder esas minúsculas cuotas de poder social que a la vista de muchos mediocres son siempre más importantes que los objetivos políticos del periodo.

Nada nos asegura que los candidatos a estas nuevas elecciones, serán los mejores ni los más capacitados para desarrollar las tareas para los que serán electos y que dejaremos de pensar las elecciones solo como un instrumento más para multiplicar nuestras pequeñas cuotas de poder olvidándonos de que son un forma de lucha para ampliar nuestra inserción y la credibilidad en nuestra capacidad de gobierno y de gestión.

Nada nos asegura que los candidatos, por ejemplo, serán escogidos de manera participativa, democrática y en base a un análisis objetivo y serio, en donde el mérito y las competencias sean fundamentales para tomar las decisiones que nos lleven, sin duda a ampliar las esferas de influencia de nuestro conglomerado.

Nada nos asegura que nuevamente alguien no trate de bajar a quienes comienzan a brillar en una izquierda en donde es más fácil ser opaco, porque a quienes brillan, es mejor hacerlos desaparecer en las fauces insaciables de los aparatos, que todo quieren controlarlo, para que no vayan a ser alteradas las cuotas de poder previamente establecidas y que son las verdaderamente revolucionarias o humanistas, según ellos.

Y lo peor de todo, es que nadie pagará el costo de los errores cometidos. Nadie asumirá la responsabilidad política de todo el tiempo perdido y de todos los cuadros y compañeros sacrificados en nombre de la revolución y el purismo ideológico.

Nadie asumirá, con una valiente renuncia o por lo menos con una sincera autocrítica, el error de las malas decisiones tomadas sin la participación de todos los involucrados, que nos trajeron de vuelta a este momento en que debemos partir de cero como si estuviéramos recién llegando a la convicción de que solamente unidos podremos obtener dividendos que sean de verdad favorables a nuestro pueblo.

Nadie dirá, si me equivoqué o nos equivocamos y saldremos de nuevo a tratar de convencer a muchos y muchas, que la izquierda es una alternativa real y necesaria, que somos distintos de verdad, que somos lo que el país necesita para ar el salto cualitativo hacia un proyecto nacional de desarrollo cuyo norte sea Chile y su pueblo. Y seguramente la gente, nuestro pueblo, la ciudadanía o como quieran llamarle, volverá a no creernos del todo.

Volverá a escuchar con simpatías nuestros discursos y nuestras propuestas pero no olvidarán que en los momentos en que debiéramos ser claramente distintos, nos comportamos iguales que aquellos a quienes tanto criticamos y somos iguales que aquellos a quienes decimos querer reemplazar para emancipar a nuestro pueblo y para trabajar por el mejoramiento de su calidad de vida, de sus expectativas y del cumplimiento de sus sueños.

Volverán a encontrarnos toda la razón pero no sentirán la confianza necesaria como para delegar en nuestros cuadros el futuro de sus hijos y el de sus propios sueños porque no pareceremos capacitados para gobernar mejor que los otros y sin el temor que las formas conservadoras de entender el gobierno le tienen a las bases y a la gente común y corriente y por lo mismo, tampoco nos sentirán capacitados para dirigir los destinos de la patria.

Lamentablemente, y he aquí nuestro mayor desafío, mientras la izquierda como un todo y los partidos que la componen, también por separado, no se constituyan en fiel reflejo, en su vida interna y en su relación con el resto, de aquella sociedad que decimos queremos construir: libre, democrática, tolerante, participativa, justa y en donde nadie sobre; seguirá la gente, nuestro pueblo, la ciudadanía o como quieran llamarle, optando por el mal menor, sin atreverse a soñar ni a girar decididamente a la izquierda; y la culpa… la culpa se la seguiremos echando a los factores externos, a los enemigos, a los partidarios del imperio, sin mirarnos, sin escrutarnos y felicitándonos como siempre de nuestras pobres victorias, de nuestros tímidos avances, que solo son un triunfo moral para los que se creen dueños de nuestro futuro.


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